Tengo ética luego existo

Pienso en valores luego existo. Si perdemos la ética perderemos lo que nos da la condición humana: los valores

Era bastante extraño que a la asignatura de ética se la llamara "alternativa a la religión". En todo caso podrían serlo algunos modelos como el utilitarista, el estoicista, etc, que ya tienen la normatividad suficiente como para ser considerados moral.

Pero la ética… que es una reflexión y estudio sobre los valores que guían el comportamiento humano, ¿cómo ha podido considerarse que sea alternativo a algo?

La ética no es una alternativa sino una reflexión. Cuando cayeron en este error dejaron denotar dos cosas: que este no es un país laico tal como pensamos y que la educación no está gestionada por profesionales de la educación sino por políticos. Sin embargo ahora ocurre otra cosa más extraña, es otra diatriba la que aparece en los pensamientos de estos llamados a la gestión de la educación: la desaparición de la ética como asignatura.

A bote pronto es una circunstancia terrible que abre un horizonte bastante negativo. Desechar la idea de que los jóvenes tengan formación en valores trae de la mano la posibilidad de que estos adquieran valores devastadores para la sociedad. Una comunidad sin una educación básica en civilidad es una comunidad abocada al fracaso, al individualismo exacerbado, a la anulación de la experiencia social de la solidaridad.

No quiero pensar que ocurrirá si los que han desechado la ética como asignatura se encuentran algún día con los jóvenes sin formar en esta materia y estos les atracan con una navaja. Sería algo terrible.

Huelga decir que decisiones como esta demuestran que las personas que gestionan la educación pública no saben lo que hacen. No confían en los expertos.

Pondré el ejemplo de Aranguren, que inventó el concepto de Estado de Justicia. Según el filósofo debía ser el estado el garante de la ética, no solo en la educación, sino en cada una de las instituciones.

Esto quiere decir que era una responsabilidad muy grande que solo el aparato del estado podía asumir. No hacerlo, desechar la importancia de la ética, supone todo lo contrario: una forma de irresponsabilidad y una manera de no garantizar en caso alguno un mínimo de civilidad entre los ciudadanos, lo que nos lleva al menosprecio también de la dignidad y la libertad humanas relacionadas con la ética.

A la sazón vienen malos augurios para el ser humano, deficitario ya de lo que posibilita la condición para ser una persona: los valores.

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