Ante la farsa, esperanza

No hay ni una sola decisión gubernamental que lleve la impronta satisfactoria de todo el tejido político y social

Tras otra semana cargada de intensidad política, derivada de la situación grave de España como consecuencia de la pandemia de la Covid-19, a pesar que, los mercados bursátiles del IBEX dieron un subidón ante el anuncio de una vacuna, lo que no aminoró, ni el número de parados, ni las colas del hambre, ni el número de contagios, ni el número de fallecidos y de personas con severas secuelas tras padecer el coronavirus. La otra noticia, es también endémica a nivel nacional, no hay decisión gubernamental que lleve la impronta satisfactoria de todo el tejido político y social, toda decisión política, en este caso la presupuestaria nacional, al no ser consensuada, lleva consigo con razón, la acritud y la beligerancia en la respuesta de quienes no se sienten participes de la misma, y, menos aún, si han pactado con quienes coadyuvaron al terror terrorista y con quienes desean la descomposición y desacralización de España. En su libro póstumo nos decía poeta Leopoldo María Panero: "Y era peor la vida/ Era peor el azote del silencio/ Fustigando la hiedra en donde yace/ Un hombre maldiciendo el silencio/ En el que va a morir toda palabra/ Y solo brilla para el silencio/ Mi único defensor, mi única esposa/." Es como si todo cuanto ocurre en el concierto socio-económico-político nada fuera cierto, como si estuviese consumado al rayo destructor de la palabra sin poder rastrear ninguna belleza, y de hecho nada es cierto, salvo en el silencio, la muerte, salvo la nada o la oración, que es un aliento de la vida nueva. Parece que a muchos o pocos, no lo sé, ante esta incertidumbre de los tiempos y la debilidad humana, solo nos queda el aliento de la fe en recuperar con valentía la oración cristiana como respiración del alma para poder superar las situaciones de la soledad, desánimo, agonía, desencanto y desesperación. Rezar es como ver cada fragmento de la creación que bulle en el letargo de una historia de la que a veces no captamos el porqué. Pero está en movimiento, está en camino, y al final de cada camino, de la vida, nos espera todo y espera a todos con los brazos abiertos como en Belén, Getsemaní, el Calvario o Emaús. Comenzamos esperanzadamente otra semana, que nos conducirá a más turbulencias conflictivas y a algún gesto, que por muy pequeño que pueda ser, tendrá una huella fraternal y solidaria de Adviento navideño, pero que, al menos, nos aliviará desde la fe este sentimiento de abandono ante las cansinas malas noticias.

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