La felicidad

El mal de nuestra época es carecer de tiempo para uno mismo porque ese elemento es el acceso a la felicidad.

Muchos han sido los filósofos y pensadores que han escrito palabras sobre la felicidad aportando una innumerable gama de perspectivas. Y eso puede ser enriquecedor. No obstante la disparidad de las mismas ha convertido a su significado en algo controvertido y relativista. Por eso en una reflexión filosófica la felicidad se ha terminado convirtiendo en una sospecha. A bote pronto este concepto es algo subjetivo, personalista, contextual, temporal. Desligando a la felicidad de la asociación con otros conceptos como la libertad, la dignidad, la idea de equilibrio de la antigüedad, etc, lo cierto es que cuando existe lo es porque es un hecho consumado antes que porque tenga que ver con alguna idea. Eso me da pie a hacer un análisis realista de la felicidad, de forma inmanente. Este concepto debe encajarse en la sociedad de la información y el mercado laboral, donde el factor temporal es decisivo para comprender la idea de la alienación social. Si de algo se valen las superestructuras para limitarnos es sin duda del tiempo. La estructura temporal marca nuestra vida. De donde se deduce que para ser feliz (aceptando que es algo subjetivo) es necesario tener tiempo. El tiempo es directamente proporcional a la felicidad. Me refiero a tiempo para uno mismo, para practicar la felicidad. En ese sentido la ausencia de tiempo, siendo realistas, reduce nuestro bienestar. Hay que entender el tiempo desde el punto de vista socioeconómico más que desde el físico. En esa línea aspirar a la felicidad es una reivindicación económica y laboral. Luchar por el tiempo individual es una disputa que atraviesa puentes como el convenio colectivo y el comité de empresa. Aunque resulte difícil de creer en los derechos laborales está la cantidad de tiempo disponible para practicar la felicidad. Hemos creído que la felicidad era un estado trascendente pero sin embargo el factor temporal la ha reubicado en otras estructuras más inmanentes. Con esto resumo que la felicidad es algo subjetivo pero que solo se convierte en un hecho consumado cuando se tiene tiempo para practicarla. Sin tiempo para ello la felicidad es una ambición subjetiva, un anhelo, una frustración. Hasta puede ser doloroso saber lo que a uno le hace feliz (con lo difícil que es saber eso) y carecer de tiempo para ponerlo en práctica. Ese es el mal de nuestra época: no tener tiempo ni para uno mismo.

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