La Mirada Zurda

No me gusta la verdad

La mentira es el sentido de la esperanza y como guía del mundo tiene caminos ocultos necesitados de interpretación

Hay dos preguntas que nos hemos hecho alguna vez. Una de ellas es ¿por qué no me gusta la verdad? (de algo en concreto). Y seguidamente ¿qué es la verdad? De la segunda pregunta hay mucho que decir antes de llevarnos a la primera. Fue Pilatos el primero en formularla documentalmente. Le dijo a Jesús: "¿qué es la verdad?" Y este respondió "la verdad soy yo". Tras eso muchos filósofos han gestado teorías sobre ello. Pero hay dos modelos que me resultan un poco más interesantes. El iniciado con San Agustín propugna que la verdad es sustantiva; que es una sustancia del objeto real (forma parte de él), y que por tanto al indagar un poco sobre ese objeto la verdad surge o se descubre de forma instantánea. Hay de esta forma una correspondencia de la verdad con la realidad. No obstante hay otro modelo: el lingüista. Según este no hay correspondencia con lo real sino que la verdad solo se corresponde con el lenguaje, por lo que solo será verdad lo que es verdad lingüísticamente. Obviamente esta concepción parte de un mundo donde solo existe lo que se puede expresar con palabras y donde no hay un contacto directo con la realidad. Al margen de esto, sea como fuere, y con esto vamos a la primera pregunta, en ambos modelos la verdad termina siendo un consenso social. La comunidad establece cuales son las verdades jurídicas, económicas, culturales, etc, y se basan en lo común, lo oficial. Pero estas verdades frustran al individuo en el plano subjetivo. Lo cual es cierto. Por eso la mentira (ficción de la verdad) cobra sentido, porque abre el horizonte subjetivo de la esperanza. En cierta forma necesitamos esa mentira para nuestro equilibrio emocional; nos hace creer que somos mejores personas. Por lo general la mentira suele ser más sugestiva y atractiva que la verdad. De hecho portamos más mentiras que verdades en nuestras conciencias. ¿Cómo podríamos vivir sin ellas, sin esas ficciones donde tenemos una vida mejor? La mentira, como ficción de la verdad, sirve además para proponer futuras verdades (comunes), actuando así como buzón de sugerencias. En una buena mentira siempre hay una reflexión sobre las deficiencias de la verdad, lo que no deja de ser una propuesta de mejora de la existencia. Ese es el sentido de la mentira: la esperanza. Y como guía del mundo que es, tiene caminos ocultos y escondidos necesitados de interpretación, de compromiso.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios