Esta es la frase con la que cada año decenas, cientos o tal vez miles de profesores y profesoras de música y artes escénicas son considerados "no aptos" para su profesión. Bien es cierto que el arte tiene siempre un cierto componente de subjetividad. No estamos hablando de ecuaciones matemáticas ni de la composición química de una sustancia. El "resultado" nunca es 100 % objetivo y hay una parte de "expresividad" que depende del oyente. Sin embargo, quienes poseemos los conocimientos técnicos sobre los que debe basarse la expresión artística, sabemos (o debemos saber) dar buenos argumentos a favor o en contra de una interpretación musical, dramática o de danza.

Es demasiado habitual que en tribunales de oposiciones, pruebas de acceso o de cualquier tipo al final el único argumento que se dé es ese: "no me ha gustado". ¿Sería admisible este argumento sobre cualquier otro profesional? Imaginemos un cirujano que cura a su paciente, pero se considera "no apto" porque "no nos ha gustado".

La endogamia habitual de este tipo de colectivos, además, agrava el asunto. Es habitual que el que "sí nos gusta" es casualmente quien ha coincidido con nosotros trabajando, quien conocemos desde la carrera, o peor aún… quien es "de esta escuela" o "de la contraria", estableciéndose así una relación de servidumbre y tácticas mafiosas respecto a quienes han estudiado con un determinado Catedrático o con su oponente. Tampoco parece muy razonable que sean personas de la misma comunidad autónoma, del mismo centro y localidad quienes evalúan a sus compañeros y compañeras de profesión.

Cabe añadir que, al tratarse de artes temporales, las artes escénicas no tienen un soporte físico, una hoja, un producto que pueda observarse, revisarse… o alguien quiere que no lo haya. En pleno siglo XXI, no sería demasiado costoso que las interpretaciones quedasen registradas en vídeo y se pudieran revisar, utilizando argumentos del tipo "te has equivocado en el minuto 2:31", por determinados motivos. Si una persona miembro de cualquier tribunal no es capaz de dar buenos motivos a favor o en contra de una interpretación queda totalmente retratado: no merece estar ahí. Claro, que en ese caso se acaban los chiringuitos de colegueo y compadreo que son las oposiciones y pruebas de música y artes escénicas. Se termina también la posibilidad de que el político de turno pueda meter sus manos en las mismas.

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