Comunicación (im)perinente

Francisco García Marcos

El humor como antídoto de la majadería

En alguna ocasión he reconocido que para mí El Jueves, en el fondo, es una revista filosófica

Tuve la suerte de asistir al nacimiento de El Jueves, hace nada menos que 43 años, en 1977. Lo recomendaba Tito B. Diagonal, el personaje creado por Jordi Estadella, desde los micrófoconos de Radio Juventud en Barcelona. Tito, el supuesto gentleman barcelonés, siempre tan distante y alejado del pueblo llano, sin embargo, no vacilaba en rebajarse gustoso a remendar "El Jueves, la revista que sale los viernes…"

Desde entonces he sido un fan incondicional de la publicación en sus diferentes etapas. He conocido las distintas y excepcionales redacciones con las que ha contado, y, por supuesto, he disfrutado de sus humoristas y de unos personajes con andanzas siempre particulares y agudas. Entre todos ellos, es inevitable tener una especial mención para la mordaz imaginación y el singular grafismo de Ivà, el padre del sargento Arensibia y de Makinavaja, a quien yo había conocido en Barrabás, otra publicación barcelonesa de humor deportivo en esta ocasión.

Desde el principio, conecté sin dificultades con el trasfondo que ha sustentado la publicación durante todos estos años. En alguna ocasión he reconocido que para mí El Jueves, en el fondo, es una revista filosófica. No pretendo hacer solo un juego más o menos travieso de palabras, sino que albergo esa firme convicción. El humor, sobre todo el inteligente, presupone una lectura crítica de una parcela de la realidad. No tiene nada que ver con la burla que transita por los senderos de la descalificación arbitraria y estúpida. Por el contrario, el humor inteligente, del que El Jueves es un emblema, retrata un hecho social, lo diagnostica y evalúa, para presentarlo finalmente desde el rechazo de lo que se critica.

Han sido innumerables las viñetas, las historias y las portadas de la revista que han ejercido como diagnóstico sarcástico de la España de su tiempo. Esta misma semana ha ofrecido la oportunidad de adquirir el carné oficial de los hijos de puta que hay que fusilar. En sus páginas explica que, ante los peligros que acechan la unidad de España, conviene fusilar solo a 26 millones de españoles para salvar la patria. No encuentro una manera más gráfica para expresar el hastío profundo que provoca un nuevo ruido de sables oxidados en España, que rechinan como una letanía repulsiva de nuestra historia. El Jueves nos invita a rechazarla sin ambages ni cortapisas, exponiendo en toda su crudeza lo esperpéntico de posturas que nunca debieron tener cabida en España, menos en la coyuntura actual del mundo contemporáneo.

Yo, desde luego, acepto la invitación. Me apunto.

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