A Son de Mar

Inmaculada Urán / Javier FornieLes

Los idiomas y la escuela

Las autoridades del PSOE, como las anteriores, parece que tienen acciones en las academias privadas

Los problemas en educación no vienen solo de tener una ley pensada para ganar unos votos y aprobar un presupuesto. Lo peor es que con estas disputas desatendemos las reformas concretas que se deben hacer en la enseñanza. La semana pasada, nuestro vecino de arriba en estas páginas, Eduardo Jordá, comentaba la facilidad de los alumnos extranjeros para aprender idiomas y las dificultades de los nuestros. Lleva razón. Pero lo que tiene mérito, seamos justos, es lo nuestro. Dedicamos una hora diaria a aprender inglés o francés en la escuela durante al menos diez años y después de ese esfuerzo resulta que apenas nos entienden. No crean que es fácil desperdiciar ese número de horas año tras año.

Las autoridades del PSOE dicen que miran mucho por lo público, pero, como las anteriores, parece que tienen acciones en las academias privadas. ¿Cómo se explica si no que la clase media al completo tenga que ir a academias por las tardes para aprender inglés? Y no será porque los problemas no resulten evidentes. Aquí seguimos pensando que lo importante es escribir y no hablar. A partir de ahí todo se convierte en un disparate: los niños deben esforzarse en recordar cómo se escribe 'beautiful' en vez de registrar en la memoria cómo se pronuncia. Algunas soluciones también están claras. Muchos males arrancan de la selectividad. A diferencia de lo que ocurre en otras comunidades, Andalucía mantiene un examen escrito de inglés sin ninguna prueba de comprensión auditiva o de expresión oral. Los profesores y los alumnos dedican su tiempo lógicamente a lo que les piden. Y, ojo, la selectividad es la que tira de todo el sistema educativo.

Reformar el edificio con la gente viviendo dentro no es fácil. Pero si hubiera que empezar por algún lado, deberíamos hacerlo por la selectividad y por la enseñanza en las Facultades. Aunque algunos estén habituados a unas formas rutinarias de enseñar idiomas, hay siempre gente activa que debe ser apoyada. Y se deben poner ya los medios para que las futuras generaciones de profesores adopten de entrada otras prácticas y se fijen más en estimular la comunicación oral que en las pruebas escritas. De lo contrario, seguiremos perdiendo horas por las mañanas para aprobar un examen y empleando las de la tarde para intentar hablar con fluidez otro idioma. Hay que protestar por los disparates de Celaá, pero también hay que mejorar lo de cada día.

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