A Con-Ciencia

La ignorancia está en la raíz

"Hoy no nos hacemos más persona en la medida en la que accedemos a la información"

En alguno de mis paseos por el feisbuc he dado con un esquemica, tan revelador como sencillo, en torno al papel central de la ignorancia en lo que se refiere a ser la raíz de los males, igualmente centrales, que aquejan a nuestra sociedad. En este sentido, el ejercicio de la libertad desde la ignorancia nos conducirá al caos; el ejercicio del poder desde la ignorancia, nos llevaría a la tiranía; el manejo del dinero desde la ignorancia hace florecer la corrupción; una sociedad pobre que vive en la ignorancia termina siendo una sociedad criminal; y, por último, la religión en una sociedad ignorante es caldo de terrorismo. Estas cinco características, que no las entiendo completas y pueden ser todo lo criticables que nos parezcan, son no obstante muy clarificadoras al respecto de cómo en el mundo en el que estamos conviven la ignorancia y la información: lo importante no es estar informados -que lo estamos, sino cómo gestionamos nuestro acceso a ella. Y es que no accedemos a esa información como fuente de nuestra maduración personal consecuente: no nos hacemos más persona formada en valores y en conciencia crítica en la medida en la que accedemos a esa información.

Y en Semana Santa da tiempo a volver a reflexionar sobre ese Jesús que en la Cruz tiene tiempo de pedir perdón para aquellos que lo están matando… ¡porque ignoran lo que hacen! Jesús descubre que es la ignorancia, el no tener ni puñetera idea de lo que están haciendo, lo que los hace irresponsables de sus propias acciones. Hace 2000 años, como ahora y siempre, los humanos andamos muy comprometidos, cada cual con sus propios quehaceres: si es en el paro, buscando trabajo; si es en la Sanidad, haciendo guardias o salvando el servicio con las pocas inversiones; si es en la Educación, viendo cómo justificas ante la Inspección mediante un informe pertinente antes que pararte a conocer la vida que hay detrás del estudiante inadaptado; y en fin, si es en ojo ajeno, mejor que en ojo propio. Estamos cada fulano tan comprometido con nuestra particular historia que llamamos refugiado al que busca refugio, que llamamos donación a la migaja altruista que llega a la sociedad después de serle esquilmada en impuestos legalmente evitados; o seguimos rindiendo pleitesía a quien nos llevó a guerras injustas que nunca alcanzaremos a comprender. Mientras, eso sí, hemos evitado seguir cortando orejas y rabos a los canes.

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