La íntima heredad

El ser humano debe cuidar su entorno, pues en él está nuestro futuro y el de nuestros hijos

Es el pan de nuestros cuerpos su sacrificio. Debemos de huir del mal, de aquellos que lo habitan. Debemos acabar de ser la víctima, el verdugo de los hombres, la purificación del alma, mediante el castigo. Lo cierto es que todos somos trabajadores. Muchos, proletarios. Temerosos todos de un dios que no existe. Personas, al fin y al cabo, que luchan en contra de una sociedad que despreciamos. Que yacemos levantados en contra de un sistema que no nos representa y que siempre acaba girando y retorciéndose sobre nuestras yugulares.

Éste es el panorama al que nos enfrentamos y mi pregunta es si la humanidad volverá a creer en la esperanza. Si habrá sido suficiente la ofrenda que nos han obligada a consagrar, años tras año, siglo tras siglo, con nuestros hijos y con nuestra sangre.

Si el ser humando, como la íntima heredad de la naturaleza, concebido como el milagro o la ópera prima de la natura debe asumir su responsabilidad con respecto al mundo que le rodea. Ser generoso con los débiles, ser complaciente con cada detalle que nos ofrenda la naturaleza. El ser humano debe cuidar su entorno, pues en él está nuestro futuro y el de nuestros hijos. Pero, ¿cómo apreciar algo externo a nosotros si no somos capaces de respetarnos a nosotros mismos? No hablo del orgullo, ni del honor, ni de la vanidad. Escribo sobre cómo somos capaces de vivir día a día sin tener ese íntimo instinto que nos hace ser benévolo con nuestros conciudadanos. Cómo se puede vivir sin tener ni el más mínimo aprecio al resto de seres humanos. Creernos superior a alguien, cuando nunca un ser humano por encima de nadie, y nadie encima de ningún ser humano. Vuelvo al principio de la idea anterior. Es el pan de nuestros cuerpos su sacrificio. Y no, no hablo de huir del mal, sino de aquellos que lo habitan. No hablo de acabar siendo la víctima, sino el verdugo de los hombres. Hablo de la purificación de las almas, mediante el castigo que algunos nos quieren infringir por el mero hecho de pertenecer o ser del pueblo. Por eso, pregunto si el ser humano volver a tener confianza en la Humanidad. Quizás, el hallazgo está en buscar a aquellos que creen en los mismos principios y valores para, a partir de ahí, comenzar a edificar un proyecto multicultural, inclusivo, diverso y respetuoso, donde el marco democrático sea el eje de convivencia fundamental que nos rija..

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