DIARIO DE ALMERÍA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

En la jungla de las redes asociales

Necesitamos vernos, olernos, hablarnos... para sentirnosparte de un grupo en el que compartimos espacio

Cicerón, hablando de nuestro ser social, afirmaba que hemos nacido para hacer del género humano una comunidad y, en otro lado, que estamos predispuestos a unirnos para conseguir proyectos comunes. La unión para un objetivo común está en la raíz misma del término "sociedad", que no es una mera suma de personas. Cuando empezó el confinamiento se nos decía que nos haríamos mejores personas. Eran los tiempos del: "Venceremos", del: "Todo va a salir bien", del: "Será un mundo mejor". Lasconsignas se centraban en los marcos de la esperanza y la unión, en el deseo de que del miedo, el dolor y la soledad naciera algo más noble que nos ennobleciera a todos. No podía tener el confinamiento efectos buenos. Monos asociativos, solos en la jungla nos devoran los leones. Nacemos para vivir en grupo, no aislados. Nos juntamos en unidades superiores a la familia en la "pólis" griega. Cuando Aristóteles escribía que el hombre es un animal político, no era para que nos afiliáramos a un partido ni se refería a que nos metiéramos a gestionar la cosa pública, sino indicando que necesitamos vernos, olernos, hablarnos, abrazarnos y achucharnos para sentirnos parte de un grupo en el que compartimos espacio y que nos permite reconocer que tenemos más motivos de unión que de discordia. El confinamiento se ha cobrado su salario: la falta de horizontes, de contacto y de certezas, junto con la hipertrofia de muestras de frustración y desesperanza en las redes asociales virtuales, nos acaba sumiendo en un abotargamiento insufrible. Olvidamos la cara de quien nos escribe. Nos sentimos forzados a tomar parte en la guerra de banderías con la que nos tienen amarrados a nuestros bancos de la nueva caverna platónica para que no salgamos huyendo de la "nueva normalidad". Nos aislamos tanto que cualquier opinión distinta de la nuestra nos parece una agresión que exige respuesta. En esa herramienta de incomunicación asocial llamada "wasap", menudean los roces, las riñas y las peleas que nunca tendríamos en la barra de un bar. Por eso, me retiro de los grupos en los que detecto tales conductas, porque ahí somos menos sociales, menos humanos. Como persona optimista que soy, tengo por cierto que, cuando podamos volver a vernos en persona, sabremos de qué pasta estábamos hechos, cuáles eran nuestros límites y, ya que no seremosmejores, podremos al menos volver a ser los mismos que antes del virus.

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