La tapia del manicomio

Dos manifestaciones

Los sueldos suelen ser miserables y los empleos temporales. Ignoramos si les pagan alguna hora extra

El sábado por la mañana nos encontramos -con un par de horas de diferencia- con dos manifestaciones. Bueno, con una manifestación y una apariencia. La mani era de unas doscientas personas, casi todas chicas jóvenes, pidiendo la dignificación del trabajo de dependienta. Y tienen motivos más que suficientes. Cualquiera que pase a las diez de la noche por el Paseo (no digamos por un centro comercial) se encuentra con casi todas las tiendas abiertas, tiendas que -también casi todas- abrieron a las diez de la mañana. Y casi todos los domingos y fiestas de guardar. De guardar billetes los empresarios, se entiende. Los sueldos suelen ser miserables y los empleos temporales. Ignoramos qué porcentaje de las horas extras trabajadas se les pagan, aunque ellas dicen que una o ninguna. Porcentaje en el que coinciden con la hostelería, verbigracia.

La "apariencia" de manifestación consistía en un par de docenas de hombres mayores que nosotros (que ya es ser viejuno) acompañados por una excelente charanga de "brass", como las de la Feria. Aquí, la reivindicación, manda cataplines, es "mantener el poder adquisitivo de las pensiones", lo que quiere decir en cristiano que suban lo mismo que la inflación. Visto así, parece la mar de razonable, porque es lo que los currantes siempre hemos reivindicado. Los problemas empiezan cuando se sabe que las pensiones dejan a deber todos los años dieciocho o veinte mil millones de euros. Las leyes de la Seguridad Social establecen que las pensiones se pagan con la recaudación de las cotizaciones sociales de cada año, y dichas cotizaciones llevan ya cuatro o cinco años con el déficit que acabamos de decir. También se sabe que el pensionista más perjudicado ha contribuido, como mucho, con la mitad de la pensión que percibe. No hablemos ya de las pensiones no contributivas, que no han aportado ni un maravedí, como su propio nombre indica. El problema principal es que duramos ahora más que un traje de pana. Como además, el trabajo está cada vez peor retribuido y con escasa seguridad (como veíamos al principio), las cotizaciones no alcanzan, ni van alcanzar tampoco en un futuro, a la vista de lo que reivindican las dependientas y la mayoría de jóvenes asalariados actuales. Con que la situación de estos jóvenes es cien veces peor que la de los jubilados, y su futuro no parece que vaya a mejorar. A ver qué hacemos.

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