Una mierda de democracia

Buscar la democracia plena es tan admirable como imposible alcanzarla: siempre habrá retos que superar y defectos que eliminar

La que se hubiera liado si en vez de "ausencia de democracia plena", el sr. Vicepresidente segundo del Gobierno de España nos llega a hablar de «la mierda de democracia» que tenemos. Bueno, cuesta pensar que se hubiese liado aún más. Más allá de que nuestros políticos gusten de ser cónyuge en la boda y muerto en el entierro, es curioso lo que se escandaliza el personal según qué cosas. Que a un Gobierno legítimo se le llame "okupa", "filoterrorista", u otras lindezas, parece no preocupar a quien sí se rasca por lo anterior. Esta democracia, como tantas otras, es una mierda, y no porque lo digan los voceros pagados con sacrificio patrio y que pagan impuestos en el extranjero; es una mierda porque no hacemos prioridad del compromiso de lucha contra la pobreza. Nos hemos acostumbrado a ella, hasta el punto de que condenamos al pobre sin juicio justo. Nos molesta cómo huele la pobreza. Nos molesta verla tumbada sobre los pocos bancos de nuestras ciudades. Nos molesta verla en las colas al mediodía en las distribuciones de comida, ocupando nuestras calles. Nos molesta, en fin, que la pobreza no lleve bien ajustada la mascarilla.

Querer buscar la democracia plena es tan admirable como imposible alcanzarla: siempre habrá retos que superar y defectos que eliminar. Lo único imprescindible es tener herramientas que nos permitan su permanente revisión y actualización. Quedarnos en que la heredera al trono estudiará el Bachillerato en el extranjero no aporta nada a una Educación pública de calidad: es normal que en algún momento nuestras crías salgan fuera a formarse. La Monarquía no caerá porque Leonor estudie fuera, sino porque haciéndolo ella, a los demás se nos niegue ese derecho.

Buscar una democracia plena y que no sea una mierda, pasará por expulsar de cualquier cuerpo de funcionarios públicos a los que usan la violencia hasta en sus ratos libres, más si es el de fuerzas de seguridad que garantizan bienestar dentro y fuera de nuestras fronteras. Nos acercamos a esa democracia cuando es la ciudadanía la que sale a la calle pacíficamente dando su solidaridad a las víctimas y mostrando una condena enérgica hacia esas actitudes violentas. Pero no, la calle se deja a turbas de violentos que…, ¿qué claman con esa violencia?, ¿condenan así los actos violentos, se solidarizan con las víctimas? La democracia es una tarea colectiva permanente, y no estamos educados para ello.

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