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El misterio del voto inmutable

Son los mejores y más lúcidos socialdemócratas los que no terminan de dar crédito a lo que está pasando

Cunde en la sociedad española un desasosegante misterio. ¿Quién y por qué vota todavía al PSOE? Por ejemplo, en Extremadura, que tiene unos trenes del XIX mientras el PSOE al que vota entrega los presupuestos en bandeja de plata a los políticos sediciosos que, además, sistemáticamente insultan… a los extremeños.

El misterio es mucho más acuciante para los más ilustrados socialdemócratas, que se llevan las manos a la cabeza. El escritor Rafael García Maldonado suspiraba: "Sigue siendo consternante la cantidad de gente -cientos, miles, decenas de miles- que apoya a Sánchez. Directamente o callando, mirando para otro lado, que no sabe uno qué es peor". Y nuestro José Aguilar aquí ayer: "No sé si es más impactante el aventurerismo de Sánchez y su desprecio al partido que pastorea o el silencio borreguil de casi todo el PSOE".

Como estos socialdemócratas consternados son los más lúcidos y admirables, quisiera echarles una mano. Me la echa a mí el conde von Moltke, que, poco antes de ser ejecutado por los nazis, analizando la situación de Alemania, se planteó esto mismo. ¿Por qué no había más resistencia interna? Sus conclusiones pueden ser, mutatis mutandis, trasladadas.

En primer lugar, mucha gente había salido personalmente beneficiada del régimen. Luego, estaban las lealtades de quienes lo apoyaron en un principio con auténtica ilusión y ahora se hallaban atrapados en una inercia. En tercer lugar, la propaganda política había convencido a otros que la oposición o el enemigo, si se imponía, se los comería vivos (recuérdese aquí el anuncio del dóberman o tantas alarmas de "que viene la derecha o el franquismo redivivo", etc.). Por último, contaba la "falta de personal", pues los jóvenes estaban en el frente mientras que en la retaguardia no se pensaba más que en sobrevivir. Quizá el consumismo rampante, la sobredosis de diversiones y entretenimientos y la precariedad laboral no permitan a nuestra sociedad un análisis crítico.

Moltke precisa: "Sin duda usted rechazará estas opiniones igual que yo, pero cuando menos hemos de tenerlas en cuenta como factores políticos de notable repercusión". Un diagnóstico no ha de resultar reconfortante, sino exacto. Pedro Sánchez ha sido capaz de prometer unas cosas y hacer otras en siete días y no ha perdido masivamente a los que le apoyaban. Normal que los mejores se lleven las manos a la cabeza, porque esto hay que reflexionarlo.

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