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Un mito en la escaleta

Fidel Castro. Un mito teogónico para sus seguidores. Más bien catastrofista para sus detractores. Realmente histórico

Si les soy sincero, les podría confesar que hoy, antes de ponerme a escribir estas líneas, tenía serias dudas sobre aquello que pretendía transmitirles. Un grave quebranto decisorio, dirían algunos. Muchas cuestiones abiertas sobre las que opinar, incluso más ideas, y la eterna incertidumbre de decidir qué podría contarles que pueda llegar a resultarles mínimamente interesante, o por lo menos entretenido.

Que si el arranque en nuestro país del nuevo gobierno popular, con su abierta vacilación sobre dónde pisar. Que si el maniqueísmo exasperante de los dirigentes de Podemos y su imperfecta perfección. Que si la experiencia a lo "Robinson Crusoe" de los socialistas, mientras Susana hace las "Europas". Que si el temor sobre el próximo primer yanqui y su perplejidad ante los grandes males del mundo que todos tememos. Que si otra sacudida en Italia por querer aniquilar en urnas el virus de su perpetua inestabilidad política. Que si el clásico Barca-Madrid. Cuantos qué se yo. Y es que, en esta mí disposición de realizarles una nueva revelación, les declararé que esa ardua y trabajosa tarea de servir al prójimo lector, ofreciéndole, semana tras semana durante ya unos cuantos años, algún tema que contenga un mínimo fundamento de distracción, conocimiento, sátira o cualquiera de esas otras reacciones intelectuales o emocionales albergadas por el ser humano, es una labor harto complicada, o, por lo menos, no tan sencilla como pudiera parecer a priori. Y ello a pesar de que, como decía un historiador griego, el esfuerzo resulta más ligero con el hábito y la costumbre.

Pero, retomando el hilo de mi discurso, hubo un punto que prevaleció en esa reunión de escaleta que mantuve conmigo mismo. El mito de un hombre tras su muerte, para muchos, y a pesar de muchos, forjado hace décadas en una caravana, llamada de la Libertad, que cubrió Santiago hasta La Habana y que ahora, en madera de cedro, regresa sólo con billete de ida. Fidel Castro. Para sus seguidores, un mito teogónico. Para sus detractores, más bien catastrofista. Realmente, histórico. Sea como fuere, y a pesar de todo, un mito, cuya biografía podremos dejar para otro momento. Como habrán comprobado, al final, cumplí con mi propósito, puesto que han llegado leyendo hasta aquí. Y es que, pensándolo bien, puede ser que pretender verlo todo con claridad antes de decidir, puede provocar mayor indecisión. Así es la vida.

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