Pues yo lo veo así

El nochebueno

Uno piensa que, en buena medida, esa celebración adquiría como una dimensión inversa a la dureza de la vida cotidiana

Hay que buscar un 'nochebueno' se decía. ¿Qué será eso del 'nochebueno'? Si pensamos que solía decirse en torno al 24 de diciembre, no será difícil vislumbrar que se trataba de un tronco suficientemente grande como para aguantar hasta altas horas de la noche. Hay que celebrar la fiesta y, aunque aún no fuera moneda corriente aquello de 'la noche es joven', sí se tenía el mismo espíritu, aunque hubiera que madrugar al día siguiente para sacar a pastar las cuatro cabras o a la faena diaria. Ignoro cuál sería en aquellos la profundidad del sentimiento religioso que da nombre a la nochebuena; pero la manifestación exterior de la fiesta llegaba a tener grandes proporciones. Uno piensa que, en buena medida, esa celebración adquiría como una dimensión inversa a la dureza de la vida cotidiana. Puede que la comida o la bebida no alcanzaran grandes cotas de sibaritismo, pero se disfrutaba lo que hubiera sobre la mesa como si fueran los más deliciosos manjares. Esas cosas pensaba yo hace unos días mientras recolectaba la oliva. Fue una asociación de ideas que me vino de pronto. El trabajo se me hacía duro. Sin embargo, pensaba yo, ahora disponemos de buenos medios que hacen más liviana la faena. Tenemos grandes fardos, vareadoras, medios de transporte mecanizado… Y todo eso, en comparación con la antigua recolección manual, muchas veces cogiendo oliva a oliva sobre el suelo helado; la dispersión de los olivos; con el transporte a la espalda o a lomo de bestias a lo largo de trochas inseguras; los largos desplazamientos para llegar a los puntos de recogida… todo eso hacía que ese trabajo fuera muy penoso. Hacer un trasvase desde esta situación hasta las condiciones generales de la vida en el campo hace no más de 50 o 60 años no requería más que un paso. Los cortijos vetustos donde entraba el frío por las rendijas de las puertas y las ventanas; la carencia de agua corriente y de sanitarios, o de electricidad; la relativa soledad en la que se vivía…quizá no seamos capaces de imaginarlo. Pero la llegada de una posible espita que pudiera romper con esa dinámica inmisericorde era aprovechada sin límites. No solo era cuestión de cumplir con la música del villancico "saca la bota María que me voy a emborrachar"; era la posibilidad de encontrarse, de romper a veces con la soledad y la falta de contacto familiar. Supongo que ese era el sentido de la navidad, con niño o sin niño.

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