La Mirada Zurda

Los que odian los hechos

Vivimos un presente donde la anestesia emocional ha vencido a los hechos y nos ha dejado huérfanos de sentido común

Parece que el presente ha gestado una masa de personas que cuando se enfrentan a los hechos muestran cierta repulsión. La realidad cada vez está más en entredicho y los hechos que las componen van perdiendo poco a poco valor. En contra de eso las creencias personales van ganando terreno para defender el monopolio de la zona de confort y de la supervivencia emocional. Las opiniones y suposiciones tienen más relevancia hoy día que los argumentos y los acontecimientos irrefutables. Sin duda alguna, las explicaciones más convenientes y lo políticamente correcto tienen mucha más importancia que lo real. Es más, los hechos han comenzado a ser odiados porque suponen una amenaza para la estabilidad de lo cotidiano. Hemos construido una rutina de mentira y la hemos utilizado para defendernos de la realidad que no nos gusta. En términos antropológicos esto supone una vuelta hacia el mito (clásico) o hacia la fe (religiosa) y una huida del logos (que ya había sido conquistado por filósofos como Heráclito). Se está dando un alejamiento del deseo de un orden en el universo y se está buscando deliberadamente la fabulación de la realidad. Salvando las distancias, y sin que haya que hacerse ningún tipo de analogía política, ya habló de esto Noam Chomsky cuando sentenció que la gente ya no creía en los hechos, los negaba para su conveniencia. De igual manera Antonio Escohotado acuñó la expresión "los enemigos de la realidad" en su revisión crítica de la histórica de la humanidad. Y es así tal como sucede. Una gran masa humana se ha erigido enemiga y detractora de lo real, de lo que se aprecia con los ojos, de lo que se escucha en la vía pública, de lo que hemos sido testigos, porque eso que nos parece extraño no puede ser real para nosotros, los que ya hemos construido una vida a través de una serie de creencias personales en las que nos hemos salvado a nosotros mismos de vulgaridad. Y esa realidad vulgar, no nos conviene; la negamos sin más y la descartamos de la idea de lo posible. La sociedad de los mitos ha vuelto y se ha instaurado en la mediocridad. La humanidad actual se ha perdido y no sabe encontrar el camino de vuelta hacia el logos, hacia aquello que generó el progreso en nuestra cultura grecolatina. Vivimos un presente donde la anestesia emocional ha vencido a los hechos y nos ha dejado huérfanos de lo que llamamos sentido común.

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