Hace menos de dos semanas todo era optimismo. El paro bajaba, el calor subía y mi prima Mari, con su brazo lleno de tatuajes florales (tiene dos brazos, la verdad sea dicha, pero solo uno tatuado), que servía copas en local de ocio nocturno, había sido admitida nuevamente a las reuniones familiares. La hemos vuelto a echar, no sea que contamine a la abuela que no solo está vacunada también la hemos inflado a paracetamol, que alguien dijo era bueno cuando te vacunabas. Ocio nocturno, dos palabras convertidas en el tótem sobre el que descargar todos los miedos. En las tertulias triunfa el comentarista que más temor es capaz de infundir, incluida la viróloga Margarita, cuya principal característica es no haber acertado en nada en catorce meses. Da igual. En los telediarios vemos a un joven, otrora despreocupado, que acudió al ocio nocturno y miren ahora, en la cama del hospital, con un pijama que no le sienta nada bien, barba descuidada, pidiendo a los demás que seamos responsables. Por lo visto es una especie de peaje que hay que pagar. Te has infectado, sal en la tele con malísimo aspecto y pide responsabilidad. Tu culpa será menor. Y así, se anuncia la apertura -otra vez- de salas para infectados, por si hubiera que ingresar a alguien, y las Comunidades Autónomas compiten por ver quién establece una medida más restrictiva. La del toque de queda es la mejor, da sensación bélica -falta la sirena para que bajemos al refugio- y fue muy bien explicada el otro día: los grupos ya vacunados son los que menos salen por la noche. Exacto, nos llamaron viejos a los ya vacunados. A veces parece resonar aquella frase de "ah los buenos viejos tiempos en los que eramos tan desgraciados". Hay nostalgia de la excepcionalidad, de esos tiempos en que nuestra vida era reglada y aceptábamos que un policía hurgara en nuestra bolsa de la compra para ver si habíamos adquirido cerveza y solo un paquete de arroz. No somos un país, ni una provincia, de trabajadores del sector financiero de la City que podamos trabajar desde casa. En Almería, por ejemplo, en los seis primeros meses del año se han formalizado 16.138 contratos en Hostelería, prácticamente la mitad que en 2019. Y ese trabajo genera actividad y consumo en otros sectores. No estamos para despreciar empleos, la verdad. Así que con un porcentaje tan amplio de población vacunada es el tiempo de entrar en la quinta ola con el bisturí de un cirujano y no con el hacha de un leñador.

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