Un pacto inaplazable

Ahora echaba de menos a toda aquella gente que rememoraba, en la calle donde vivía desde que nació ya no quedaba nadieLa pandemia relega a 2020 a actor secundario y dejarle protagonismo al 2021 . De lograrlo, existe una gran probabilidad de que nos noquee

La pandemia parece decidida a relegar al año 2020 a actor secundario y dejarle el protagonismo al 2021 y, de lograrlo, existe una gran probabilidad de que noquee a este país. Y existe, en buena medida, porque estamos ante una situación que ataca sin tregua al sector servicios y España llevaba décadas mirando más hacia ese sector que hacía el industrial, permitiendo con ello que la globalización, la tecnología y los compromisos derivados de la lucha contra el cambio climático hayan tenido un impacto especialmente negativo para nuestra, ya escasa, industria. El peso de nuestra industria se ha ido reduciendo gradualmente en los últimos años intensificando nuestra dependencia de la industria extranjera y haciéndonos menos atractivo para los inversores y, quizás confiados en la potencia de los vientos de la recuperación de la crisis de 2009 y en nuestra pertenencia a la UE, hemos dejado pasar un tiempo de oro para revertir la situación y conseguir contar con un tejido industrial amplio y fuerte que sostuviera a este país ante la siguiente embestida, que tirara de otros sectores económicos en momentos críticos y que nos aportase mayor capacidad de reacción y adaptación ante abruptos cambios de tendencia.

Y ya no hay más tiempo, este debe ser el año de, entre otros, el gran pacto por la industria española porque la pandemia lo está destrozando todo, porque un país de empleados públicos, trabajadores precarios, autónomos sin empleados y pensionistas es un país sin futuro, y porque en el 2021 comenzará a llegar dinero de la UE.

Y hablo de un gran pacto porque crear condiciones verdaderamente estimulantes para una reindustrialización es un gran reto por la complejidad que encierra, porque exige una mirada, y un plan, a largo plazo que sea acorde a la evolución que están siguiendo los distintos sectores industriales y un compromiso de las partes implicadas y porque son muchos los factores, internos y externos, a tener en cuenta, y, en consecuencia, pueden ser muchos los cambios estructurales, culturales y de modelo que llevar a cabo. Así, entre otras tantas cosas, se necesita contar con un modelo de formación pública que potencie la cultura de la innovación y el emprendimiento, que de educación financiera y que cuente con una rama profesional acorde a las necesidades presentes y futuras del mercado laboral y prestigiada, con un marco jurídico laboral estable que fomente el empleo estable y de calidad y con un verdadero sistema de "segunda oportunidad" que impida que un fracaso anule una vida; se han de atender las exigencias de la lucha contra el cambio climático y las del deber del sostenimiento de las cuentas públicas; y se ha de ofrecer una verdadera Administración Electrónica común que reduzca la carga burocrática y permita al ciudadano aprovechar todas las ventajas del mundo digital.

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