En tránsito

Lo personal es político

La idea de que lo personal es político es un Frankenstein que cuando empieza a caminar no se puede detener

La idea de que todo lo personal es político, tan extendida hoy entre la izquierda woke -la de Ada Colau e Íñigo Errejón-, surgió en los años 60 en los círculos feministas radicales de Nueva York. Para entendernos, lo que esa frase quería decir es que todo lo que les ocurría a las mujeres -la discriminación, la invisibilización permanente, la explotación silenciosa en el hogar- tenía un origen político y debía ser solucionado a través de medidas políticas. Esa idea tenía una lógica indiscutible -todavía la tiene-, pero el problema es que se fue extendiendo a todos los hábitos de la vida personal cuando fue adoptada por la nueva izquierda identitaria que sustituyó a finales del siglo XX a la vieja izquierda marxista.

Y ahora, tal como se ha ido incorporando esta idea a nuestro inconsciente colectivo, si sufrimos una depresión no es por un problema de salud mental, sino por una causa política que debe ser solucionada políticamente. Si caemos enfermos, no es por culpa de la biología, sino del sistema capitalista. Y podríamos seguir y seguir. Según esta teoría, no hay ni un solo aspecto de la vida humana que no tenga una causa motivada por las crudas leyes de la economía o de la política. Si envejecemos y morimos, si nos deprimimos, si nos sentimos frustrados o desgraciados, si fracasamos en el amor o no alcanzamos lo que soñamos, no es porque la existencia humana sea un cuento contado por un idiota, sino porque el horrendo sistema capitalista nos destruye de forma cruel y premeditada. Y no hay escapatoria, amigos.

La idea de que lo personal es político es un monstruo de Frankenstein que cuando empieza a caminar no se puede detener jamás. Y como ocurre con todas las ideas venenosas que se ponen en circulación de forma irresponsable, al final acaban destruyendo a personas inocentes o que jamás creyeron que les podrían afectar a ellas. Digo esto porque mucha gente que se ha indignado por las revelaciones -no sabemos si ciertas o no- que acusan al ex ministro Ábalos de haber vivido como un cantante de reguetón en gira permanente. "Pero ¿cómo se atreven a meterse en la vida privada de una persona?", gritan los que llevan décadas fundando su discurso político en la intromisión descarada en la vida privada de sus adversarios. Ahora le ha tocado a un ex ministro. Pronto tendremos cientos de víctimas más.

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