Caminando

Un pez gordo

Raro es el día que no nos vienen con un estudio avalado por la universidad de "veteasaberdonde" que dice lo que quiere quien paga

Siéntete un pez gordo!" Eso es lo que nos dice la voz en off del estridente anuncio mientras un fulano trajeado sonríe esturreando billetes al aire. Ole la marca España y nuestra cultura del pelotazo. El anuncio en cuestión despliega con tanto descaro apología del chanchullo, la corrupción y el choriceo chulesco y desafiante con pedigrí que no extraña el alzamiento de voces tuiteras y blogueras poniéndolos a parir. Intrigante por demás es pensar en los planteamientos e intereses subyacentes de campañas publicitarias tan cafres más allá del mero objetivo de vender chismes de pronta obsolescencia. En este circo del todo vale no parece que haya ninguna plataforma, ningún organismo, ninguna oficina desde la que se hagan observaciones previas a la emisión de ciertas barbaridades. ¡Hala! ¡Venga! ¡Tú suéltalo y que salga el sol por Tarifa si hace falta! Aquí no sólo se trapichea sino que se venera al delincuente como ejemplo de conducta y se cantan alabanzas a su obra. La carrera del consumir por consumir sigue imparable, sin atisbo de echarle el freno y sujeta a movimientos de promoción cada vez más grotescos. Que te llamen tonto en tu trompa por no sumarte a la clientela de selectos templos del electrodoméstico es un piropo comparado con que te insten a dar rienda suelta al lado oscuro de la tropelía y la mano larga. Y todo, al fin y al cabo, por tener más, por acumular más, por consumir y gastar hasta quedar en los huesos como los gatos en enero. Y si aún fuese porque así se beneficiaba la evolución de la especie ya vendrían los naturalistas a corroborar la necesidad de estos pavoneos conductuales, pero sucede más bien que por unos pingües dividendos se nos conduce a una bacanal de compra que nos deja más ligero el bolsillo y tanto más alelada la neurona. Claro que si eso puede definirse como progreso filogenético, no he dicho nada. Total, raro es el día que no nos vienen con un estudio avalado por la universidad de "veteasaberdonde" que afirma o niega lo que quien paga quiere que sea afirmado o negado. Resulta evidente que para que unos se lo lleven muerto, vivo o a medio hacer, otros tienen que dejárselo llevar consintiendo, sin consentir o sin darse ni cuenta de la sustracción. El ideal es que cambiemos la indignación por el agradecimiento, saltemos de júbilo cuando nos meten la mano en la cartera y aspiremos todos a ser el más mangante de la pandilla.

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