Carta del Director/Luz de cobre

Las primarias de Pérez Navas

Quien controla la administración controla el partido y quienes viven para derrocarlo le sacan al día 48 horas de trabajo

Adriana Valverde ganó con holgura las primarias del PSOE de la capital y será la candidata a la alcaldía de esta fuerza política. El hombre del aparato provincial, Juan Carlos Pérez Navas, ya no es, ni siquiera, concejal y se dedicará lo que le queda a la legislatura al Senado. Después, ya veremos.

Esta es la incuestionable realidad. Pero en todo el convulso proceso que ha vivido el socialismo almeriense en los últimos meses, las primarias por la alcaldía de la capital han sido la culminación de una serie de despropósitos, de una lucha cainita por el poder y, lo que es más triste, una batalla del susanismo y el sanchismo por el control de la capital, ahora más acentuada y más cruel, cuando unos gobiernan la Junta y los otros el país. En todo este proceso Juan Carlos Pérez Navas, hasta ahora el gran superviviente del socialismo provincial desde los tiempos de José Antonio Amate y Tomás Azorín, ha sido el gran perdedor. Esto no significa que todavía, hasta las elecciones generales, no mantenga cierta chance para permanecer dentro del núcleo de los elegidos, pero debe ser muy fino en su devenir futuro si, de verdad, pretende mantener alguna aspiración dentro de la estructura provincial. Y es que confiado en el triunfo de Susana Díaz en las primarias socialistas y cercano a dirigentes de la federación andaluza, el que siempre fue uno de los hombres de Amate, Azorín y Fernando Martínez en la provincia, apostó por la presidenta de la Junta y perdió. Nunca querido por los susanistas de esta tierra, sabedores de su cercanía con el sanchismo, se encontró en tierra de nadie. Trató de nadar sólo, con apoyos de toda la vida como Níjar o Vícar y afrontó lo que nunca había hecho: ir a por la secretaría general del partido. Error de incalculables consecuencias, pues frente al aparato y frente a los "guerristas" de toda la vida era una batalla perdida. El lo supo después de dar el paso. Quien controla el poder de la administración controla el partido y quienes viven para derrocarlo son capaces de sacar al día 48 horas para lograr sus objetivos. La batalla por la agrupación local, un premio menor, fue igualmente desigual. El sanchismo rearmado con Pedro Sánchez en Ferraz, conocedores de todos los resortes, no dieron opción a un candidato arropado por el provincial, que era sólo eso un candidato, no su candidato. Y volvió perder.

Y la última y más dura derrota ha sido el proceso de primarias de la capital. Antes de encabezar la lista del susanismo sabía que perdería y así se lo dijo a muchos de sus íntimos. Aquellos que decían que lo apoyaban hicieron lo justo en una campaña sucia, de las más enfangadas que se recuerdan, en la que poco tenía que hacer. Muchos a los que creía que representaba no lo querían, vamos que ni le hablaban. Y sus contrincantes, cosas de la vida, eran sus amigos de siempre, los que lo han mantenido casi dos décadas.

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