Lo pueden todo

Después de miles de batallas entre madelmans, geypermans y famobils ganaron los tontos famobil

Lo que no sabía mi madre cuando en una mudanza regaló a alguien mis madelman es que treinta años después serían pasto de frikis. Friki viene de Freaks, algo así como monstruos, y todo viene de una película que se llama así y va de un circo de principios de siglo XX que lleva como atracción personas deformes de nacimiento. Raros, sería otra traducción. Ahora un friki es cualquier persona a la que por ejemplo, no le gusta el fútbol y beber cerveza con los amigotes. Un coleccionista de algo, un fan de una película. Antes fueron la envidia de unos niños sobre otros el día de Reyes, luego fueron todos a la basura y ahora las cajas originales (sólo las cajas) de algunos elementos se venden por cincuenta pavos. Y ahora se cumplen 50 años de su nacimiento. Los Madelman tenían ese halo machista y belicista de antaño y una exposición los ha reunido a 250 supervivientes pertenecientes a un friki, con sus complementos, pistolas, cañones, barriles, el cofre del tesoro del pirata. Dicen que la competencia, los clicks de famobil, acabaron con ellos. Esos muñecos simplones y pocos detallistas conquistaron el mundo al igual que el lego y otras tonterías, mientras que aquí los madelman y le exin castillos se fueron a la porra por se demasiado buenos, demasiado detallistas, demasiado míticos. Pero la verdadera historia es que a los madelman, los mataron los geyperman, que eran más altos, tenían manos prensiles y pelo más realista. Y se volvió imposible guardar sus elementos. Yo tenía un jeep que medía más de 30 cm de largo, y una tienda de campaña y una ametralladora que funcionaba haciendo ruido y con una luz que centelleaba mientras hacía pasar la ristra de balas. Ahora venden colecciones completas de madelman por 3500 euros, sólo para locos, para gente que necesita hacer la locura de gastarse eso y llenar la casa de objetos. Mi compensación a la nostalgia fueron unos madelman para coleccionistas que salieron hace unos años en los kioskos y tengo dos o tres, guardados en las cajas, porque ya no se pueden sacar, no se puede jugar, como los tebeos, que ahora me cuesta mucho leerlos. Después de miles de batallas entre madelmans, geypermans y famobils ganaron los tontos famobil, de los que ahora tienes para hartar, pero sin mito, sin pelo casi de verdad, sin jeeps mastodónticos, sin armas de fuego casi reales, sin uniformes de guerra. Sin nostalgia. Y además no pueden casi nada.

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