El callejón del gato

Ni puñetero caso

Menudo verano llevamos pendientes de si se ponen de acuerdo o no, de si habrá o no habrá nuevas elecciones

Menudo verano llevamos pendientes de si se ponen de acuerdo o no, de si habrá o no habrá nuevas elecciones. Yo hace tiempo que desconecté de los programas donde intervienen tertulianos que hablan ex cátedra cada vez que el tema sale a relucir. A los mismos que había oído decir, con sonrisa de perdonavidas, que las reuniones eran puro cuento porque Pedro Sánchez ya lo tenía todo amañado con los podemitas y los separatistas para ser nombrado presidente, pasado algún tiempo les escuché asegurar en el mismo programa y con la misma contundencia, que las reuniones son puro cuento porque lo que quiere Sánchez es la convocatoria de nuevas elecciones. Lo sorprendente es que cuando dicen lo contrario de lo que dijeron no lo hacen para rectificar, ni para reconocer que se equivocaron en el pronóstico. Nada de eso, cuando dicen algo esos tertulianos que opinan a destajo es porque están seguros, lo mismo da que sea blanco o que sea negro, ellos siempre están en lo cierto. Yo que estoy escribiendo esta columna hoy domingo, cuando sólo faltan dos días para que se resuelva la incógnita, puedo tener un presentimiento sobre el resultado pero en ningún caso lo expondría con la certeza de un tertuliano. Dicho esto, si agotados los plazos establecidos en la ley no se llegara a un acuerdo para formar gobierno no se acaba el mundo, como parece que pronostican algunas voces agoreras que nos dan lecciones de alta política a través de cualquier medio de comunicación que se les ponga a tiro. Se trataría de unas circunstancias que están previstas en el artículo 99 de la Constitución, donde se dice que "si ningún candidato obtuviera la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas cámaras y convocará nuevas elecciones". Hay celebridades que insisten en considerar un fracaso la aplicación de esta solución que la Constitución establece y desde el púlpito de cualquiera de los medios que frecuentan, sermonean con la amenaza de no ir a votar si se convocan nuevas elecciones. Lo dicen con una autosuficiencia ejemplarizante, invitándonos a seguir su ejemplo. Si con ello pretenden no participar se equivocan. Podrán abstenerse de ir a votar, pero en ningún caso podrán inhibirse porque la abstención también produce sus efectos a la hora del recuento. Que les pregunten a los ciudadanos ingleses que se quedaron en casa el día del referéndum y ahora votarían lo que hiciera falta para permanecer en la Comunidad Europea. Por mi parte, ni puñetero caso.

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