La otra realidad

El negacionismo se ha apoderado de todos nosotros. No aceptamos la mediocridad de nuestras vidas

Es extraño hablar de otra realidad en los tiempos de la nueva normalidad. Parece que esbozar términos nuevos puede acercarnos a los márgenes de la lógica, acaso del lenguaje. Pero últimamente se está dando un comportamiento social necesitado de reflexión. Lo cierto es que ambas expresiones se me antojan surrealistas, siniestras. Y si hay que decirlo todo, la palabra más adecuada para referirme a la idea de la otra realidad creo que debe ser la ambigüedad. De una forma u otra hace tiempo que vengo mascullando la idea de que vivimos dando la espalda a ciertos hechos, a personas y a circunstancias para los ojos de lo común. No pretendo hacer una crítica a la manipulación de ciertos medios y redes, que también, sino a un comportamiento humano bastante insoportable: el negacionismo. Según la RAE se da esta postura cuando se rechaza un hecho histórico o evidencia tan solo porque es desagradable para el que la niega. Por una parte supone negar una verdad incómoda pero también conduce a crear otra realidad alternativa, la más conveniente para el estado emocional. Es fácil ahora acordarse de los negacionistas de la pandemia por su comportamiento irresponsable. Pero yo pretendo ampliar esta conducta a una mayor parte de la sociedad. Últimamente veo que cada vez somos todos un poco negacionistas. Por lo general vivimos en el mundo idealizado donde solo nosotros tenemos razón, donde nuestro partido político nunca se equivoca, y donde solo tienen derecho a vivir los seres que son semejantes a nosotros. Los demás, no. No queremos saber nada de los problemas de la vivienda o del trabajo de los otros. La solidaridad es populista, no realista. Y solo nos creemos lo que aparece la televisión, medios, o redes de nuestro gusto. Hemos construido un mundo feliz en base a nuestra autosugestión, una individualista y hedonista. Y negamos tajantemente todos los hechos que nos cuestionen ese mundo inmutable. No obstante existe esa otra realidad: una donde somos ignorantes e infelices, donde averiguamos que los problemas de los demás eran ciertos, una donde existe un mundo que no nos gusta. Desde que surgió el Covid-19 la humanidad se ha radicalizado: odiamos con más frecuencia, pero sobre todo negamos todo lo que nos demuestre que no somos el centro del universo. Creo que aún no hemos digerido bien la pandemia. El negacionismo se ha apoderado de todos nosotros.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios