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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

El remedio Pascal

¿Y si nuestras desgracias vienen por no ser capaces de estar solos, tranquilamente sentados en una habitación?

A más inteligencia artificial más tontuna humana (para lo que les sirve a muchos el smartphone). Eche un vistazo a su alrededor, pegue la oreja -no hace falta siempre dado el poderío decibélico de algunos a la hora de parlotear- y observe y escuche actitudes y chácharas sobre el bicho. En tales ocasiones se ve uno a sí mismo como el individuo más ignorante sobre el particular, calla y no toma parte y deja fluir los discursos que sustentan teorías acerca del cómo y el por qué de la nueva enfermedad. Al otro extremo de la ciudad, los enfermeros y los médicos trabajan a destajo.

Esta proliferación de pajas mentales que polucionan el ambiente de sandeces, disparates y chismorreos ha contrastado con la frigidez exhibida hasta el último momento por los gestores -ojo, políticos; no sanitarios- a la hora de ordenar la ejecución de medidas eficaces -y si tienen que ser drásticas que lo sean; que parece, por ejemplo, que tienen más miedo a unas calles sin pasos en Semana Santa que a la propia expansión del virus- para contener la multiplicación del Covid-19.

En inteligencia artificial -ese "subgénero de la ciencia ficción convertido en disciplina académica", como la define Franklin Foer-, citada al principio, Estados Unidos destina al año 14.000 millones de dólares y China 10.000. En paralelo, deben estar invirtiendo cantidades similares en hacernos a todos -porque no se limitan sólo a los ciudadanos de ambos países- más lerdos autosatisfechos, encantados con el bobo disfrute de una hiperinformación que cuando no es engañosa es majadera y que, ésta sí, nos infecta a diario porque para ella no se arbitran medidas de prevención y se expande sin ninguna clase de control. Hay que preguntarse -aunque uno se congracie tan ilusa como fugazmente con el género humano al conocer tal noticia- de qué sirve, si es que sirve para algo, que 1984 de George Orwell siga siendo la novela más entregada por la Biblioteca Pública de Nueva York desde que apareció en 1949. No, no parece que estemos siendo más inteligentes, ni artificial ni -lo que es más preocupante- humanamente.

¿Cambiará eso si nos encerramos en casa, aunque sea catorce días? Igual sí. Puede que sea el remedio. Quién sabe si, como dijo Pascal, "todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación".

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