Con un par

TXABI FERRERO ALONSo

Los reservas y las reservas... físicas

La Segunda División española es una de las mejores de Europa, en opinión de muchos. Lo es por calidad, alto nivel de competitividad y exigencia. Se juega desde finales de agosto a mediados de junio, durante diez meses, de sol a sol y sol tras sol. La División de Plata no espera a nadie, exige a todos y deja tirado o sorprende al más pintado y sobran los ejemplos. Estamos ante una categoría de los tres ejércitos, que se juega por tierra, mar y aire, y de las cuatro estaciones. La invernal convierte a los futbolistas en supervivientes, patinadores sin derecho a resbalar sobre campos helados. Si a eso unimos un calendario draconiano, con tres partidos cada ocho días en los dos últimos meses del año y los efectos de la COVID-19, se hace necesario convenir que el poder físico va por delante del saber jugar en cada circunstancia y el intercambio de jugadores es obligado. Las auténticas reservas, así las cosas, son las físicas para soportar esta exigencia y no el empleo de las unidades B o C para evitar el uso de los términos titulares y reservas.

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