A dos metros

Ricardo Alba

Y sin señalar, por favor

Por norma, el señalador suele ser personaje vulgar, ordinario, prepotente y mediocre

El Gobierno español ha mandado de paseo a los Reyes de España por las Comunidades Autónomas en plan promoción turística, creo, como de antiguo en el Valle de Cariatiz se llevaba de cortijo en cortijo a San Gonzalo de Amaranto cuando una bestia enfermaba para que el Santo obrara el milagro terapéutico de sanarla. Un poco más acá en el tiempo, o no, quien sabe, otra costumbre de profunda raigambre consistía en circular de casa en casa capillitas con la imagen de un Santo o de una Virgen alumbradas con una vela a cada costado y una hucha. Si bien lo de la cera prendida no está documentado, el objetivo de la Santa visita domiciliaria de las hornacinas consistía en fomentar el culto religioso, amén de sacar unas perrillas con las limosnas.

Está visto: los ombligos nos igualan. Una fotografía de este periplo monárquico captada en Benidorm da testimonio de los aplausos que biquinis y meybas dedicaban a sus majestades en la playa de Levante con el móvil en mano, mayormente por las fotos, ya saben. Esta imagen es pura democracia: a ras de Reyes, ciudadanos con partes de su cuerpo al desnudo, apiñados sus sudores, restregándose churretones de crema protectora, ¿hay algo más llano cuando hasta el ¡HOLA! baja a la arena? Debe haberlo, ahora no caigo y no sé si vale que Doña Letizia toma helados sin azúcar.

De almíbar se nos ha puesto el Levante almeriense a cuenta de un torero y una chiquilla alegre como las rosas con el capote de oro y grana bajo su lindo pie. Por Mojácar sonaba el 'runrunrun', por Cabo de Gata soplaba el aire. Cuentan quienes lo oyeron, que el diestro canturreaba: "Navega, velero mío, sin temor que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor" ©(Espronceda). ¿Habrá quien dé más? los Reyes de España a pie de calle, el emperador de los ruedos de una a otra flor. Cañí total.

Anotado lo anterior como salsa veraniega, de las catacumbas emerge la contraportada: el dedo señalador con dos tibias en la bandera. Señalar con el dedo, ese gesto tan feo, incomoda tanto a la parte que señala como a la que es señalada, aunque no de la misma manera. Por norma, el señalador suele ser personaje vulgar, ordinario, prepotente y mediocre. En general, el señalado sale reforzado cabalmente de la ruin maniobra. Este es el caso al que me refiero, les supongo al tanto y ahorro explicaciones. Doncel, si señalas, apunta bien.

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