La educación se desarrolla siempre en el terreno de las ideas. Ya se trate de ideas abstractas o conectadas con la realidad, lo que sucede dentro de las cuatro paredes de la escuela es una situación idealizada, un supuesto, una simulación, una reflexión en torno a ideas. Simplemente en la manera en que se exponen las ideas, hay toda una serie de aprendizajes. En la manera de relacionarnos, la toma de decisiones, los acuerdos, la manera en que escuchamos o desatendemos al prójimo… en todas esas cosas que hacemos en torno a las ideas es donde se desarrolla el proceso educativo.

Nuestro sistema escolar contempla desde hace muchos años asuntos como la educación en valores o la competencia social y ciudadana, que deben trabajarse desde todas las áreas. Basta echar un vistazo a la normativa para comprobar cómo están llenos de palabras como "participación" y "democracia". Hay quien se toma totalmente en serio estos objetivos y hay quien considera que la escuela tiene que estar para enseñar contenidos concretos. En ambos casos, son inevitables los valores.

Más tarde, cuando los chavales llegan a casa a mediodía, al poner la televisión descubren que un partido deja de apoyar a otro simplemente por fastidiarlo, no porque estén más o menos de acuerdo, no porque estén pensando en lo que necesita la ciudadanía. Simplemente, con la intención de librar una batalla electoral gratuita, innecesaria e inoportuna. En el bar, en casa, en reuniones con otros padres y madres, escuchan constantemente cosas como "no podemos permitir que lleguen al poder", "esto (o lo otro) es como un golpe de estado", "yo soy de X partido" (como si fuese un equipo de fútbol)… Discursos todos basados en ganar a toda costa, machacar al adversario, anularlo si es posible. Como si de una partida de ajedrez se tratara, muchos piensan que la política es ir derribando piezas al contrario.

La clase política no debería llenarse la boca con grandes palabras que son incapaces de cumplir. No carguen sobre la escuela y la educación la solución a todos los grandes males del mundo. Nuestra labor, aunque importante y de gran alcance, es solo un parte. Luego está la tarde, el fin de semana, la televisión, las vacaciones, la familia, las amistades… Asuman su responsabilidad. Pueden hacer que la política sea un gran lienzo sobre el que dibujar juntos el futuro, o un tablero de ajedrez donde solo importa ganar.

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