El medio y el ambiente

¿Cuánto valgo?

Así que vamos a tranquilizarnos para tratar de verlo todo más claro, aunque lo que veamos sea mediocridad

Cuando escribo estas líneas es Lunes de Pascua de Resurrección. Una Pascua larga: hasta el próximo domingo. Por lo tanto, ya tenemos una excusa para celebrar algo y saludar a los conocidos diciéndoles Feliz Pascua, en lugar de ¡vaya con el virus!, y ¿cuándo va a terminar esto?.

Utilizando la exclamación y la interrogación como premisas, dan mucho de sí. Lo de la Pascua es gratis y no perjudica. Nombrar al virus, maldita la falta que hace. Ya sabemos las respuestas: el virus ni hace, ni se merece nada bueno, y terminar con él, vistos los administradores que tenemos para proporcionar útiles a los profesionales sanitarios, ¡para largo me lo fiáis!. Y si queremos relajarnos e intentar echar unas risas, acordarnos de los 3 infiernos: en el alemán todo perfecto; en el americano todo grande y en demasía; y en el español, cuando no se dormía el encargado de la sirena, se averiaba el camión y cuando no, faltaban brochas.

Así que vamos a tranquilizarnos para tratar de verlo todo más claro, aunque lo que veamos sea mediocridad, torpeza, parches y componendas, normas ISO hechas a medida del producto, ninguneo de los asesores científicos y técnicos: aquí hay que hacer un inciso. Pienso que los políticos hacen ese ninguneo porque tienen imbuido en su cerebro lo de los comités y las comisiones de los parlamentos, que los ciudadanos estamos convencidos de que no van a resolver nada.

Y dicho todo eso, echemos mano de Victor Kuppers, que es un individuo que me cae bien, aunque mi conocimiento de él me viene por el famoso "yutube", en que le he visto una fórmula matemática para saber cuánto valemos y que es bastante útil para aquellos que se piensan son los salvadores de la patria. La susodicha fórmula es: V = (c + h) x a, donde V es el valor, c son los conocimientos, h son las habilidades adquiridas y a son las actitudes que tomamos ante las diferentes situaciones. Lo curioso es que conocimientos y habilidades se suman, mientras que las actitudes multiplican. Ello nos da idea de lo importante que es la actitud ante cualquier problema.

Podemos saber mucho y tener muchas habilidades: lo que se llama un individuo listo y escurridizo, pero si ante un problema nuestra actitud no es de interés, atención y buscar ayuda para hacerlo mejor, teniendo la sensatez de preguntarle al que sabe de esa materia en concreto y hacerle caso en sus directrices, ni lo vamos a hacer bien, ni valemos más, ni vamos a quedar bien con los demás, por muchas ruedas o conferencias de prensa que demos a la hora de la siesta.

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