Con "V" de valor y vida

Nadie en este país, ni de la derecha ni de la izquierda, dudó de su inteligencia y sagacidad

C OMENZÓ la tarde con nubarrones en la política nacional que sufrió la embestida más grande en los últimos años. Aunque se esperaba pero los socialistas no dábamos crédito. Saltaba la noticia. Alfredo Pérez Rubalcaba acababa de morir. La política suele generar alianzas y vínculos cordiales tan enfáticos como efímeros. En los coyunturales emparejamientos para gobernar, coaliciones, pactos de estado y a posteriori distanciamientos que provoca el avatar partidista, Rubalcaba representó quizá la expresión más cabal de la perseverancia en la calidez y en afecto, al margen de las coyunturas.

Nadie en este país, ni de la derecha ni de la izquierda, dudó de su elevada inteligencia y sagacidad que, a lo largo de sus años en la política, desenvolviéndose en la selva del poder y manejando más información que nadie, dado los cargos de alta responsabilidad que desempeñó en nuestra joven democracia.

Falleció uno de los referentes del socialismo europeo. Las personas cabales como es el caso de Rubalcaba, nos transmiten mensajes aleccionadores no solo con el testimonio de sus vidas sino, también, con las enseñanzas de sus muertes. Este puede ser el resumen de los comentarios que las redes sociales y medios hablados, escritos y audiovisuales lanzaron la tarde de aquel viernes que, con su manera de trabajar, de luchar y de servir al Estado, desde el Partido Socialista Obrero Español, constituyó a lo largo de tantos años su permanente magisterio.

Sus galones de "político brillante, de los que ya no quedan", ya que el tiempo y la edad son inexorables, se los ganó batalla a batalla por su experiencia como hombre de Estado, por su papel clave en la historia reciente de esta España, como aquel recuerdo a compañeros asesinados por la terrorista ETA, en aquellos años de plomo en la cabeza y por la espalda, los mismos que Fernando Aramburu escribió en el best seller "Patria". Llegó a decir en alguna ocasión: "El PSOE no me debe nada, yo se lo debo todo al PSOE".

Sean estas palabras pesarosas de afecto a su familia socialista y de admiración hacia quien pasó por esta vida siendo lo más loable que cualquier ser humano puede llegar a ser. Un ciudadano respetuoso y ejemplar como persona, como docente y como político; y sobre todo, un hombre bueno.

¡¡Te seguimos echando de menos, Alfredo!!

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