Una vida entre regalos

Orientando a quien les requiriera en el arte de regalar, un reto tan inextricable como la emocionalidad humana

Los humanos somos seres regalaos, como decía mi madre. Más allá del hecho biológico de que nos regalen la vida, la lactancia y el desarrollo fisiológico, visto también el asunto en clave cultural, resulta que desde la cuna nos regalan el nombre, la educación, el entorno afectivo y hasta la herencia genética o, en algún caso, patrimonial. Y tan condicionados estamos por tanto marcador somático y civilizador, que la cultura del regalo tal vez sea uno de los significantes más fiables para medir el grado de urbanidad que alcanza una sociedad. Porque el civismo se ejemplifica y hasta se colma, sobre todo, a través de la empatía y la interacción colectiva, según los etólogos. Y acaso no exageren si reparamos en que regalar significa, dar a alguien un objeto digno de estimación sin recibir nada a cambio, un acto complejo, que obliga a pensar para luego decidir cómo y en qué objeto simbolizar ese afecto que va a revelar la sensibilidad del regalador, delatando la idea que tiene sobre el destinatario, y algo sobre el tipo de cariño o gratitud que le merece. Que nos la jugamos, vaya, con cada regalo, por ser la forma de expresión sensible que es, aunque haya quien se esmera y la convierta en puro arte, desde el día que descubre que al final no es tan relevante por el costo como por el gusto.

En estas y otras cuitas me embarcó el reportaje en este Diario, de F. Maturana sobre un evento local, algo cotidiano pero no por ello, menos agridulce: el cierre de la célebre tienda de regalos El Desván, el templo de los regalos la llamó el reportero, tras más de 40 años, por jubilación de sus dueños Juan y Jaly. Una vida entre regalos, orientando a quien les requiriera sobre el arte de regalar, un reto tan inextricable como la propia emocionalidad humana: ¿Con qué detalle reverdecerá el desamor o la insipiencia afectiva? ¿Qué regalar Juan, a quien nada precisa porque tiene de todo? ¿Cómo decorar, Jaly, algunos rincones del alma desaliñada? Nos dejáis huérfanos, chicos, de referencias fiables sobre el buen gusto. Y me alegro, porque habéis cumplido un ciclo profesional virtuoso. Pero a la vez me apenó leer que no había ofertas de emprendedores con brío para continuar una empresa de artesanía imaginativa y original. Supongo que la cultura de los obsequios estandarizados e impersonales de la web, también tenga que ver con esto. Y con el vaciado comercial, quizá irreversible, del centro urbano.

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