De Gobiernos e Ínsulas

Gonzalo Alcoba Gutiérrez

Un virus contumaz

Europa ha construido en Grecia un patio trasero y allí pretende abandonar a miles de mujeres que podían haber sido libres

Hace casi cincuenta años María Campbell publicó Halfbreed (Mestiza, en traducción al catellano, editorial Tránsito), sus memorias, en las que refleja el abandono de generaciones de mestizas canadienses y, al tiempo, de millones de mujeres de ayer, de hoy y, probablemente de mañana. Campbell fue trampera, ama de casa, huérfana, prostituta, heroinómana y amante antes de erigirse en símbolo de una masa de desheredadas entre los desheredados.

Ante la melé política y la testarudez miope de los jefes de la tribu, baila su danza el virus y temo que nadie tenga tiempo para pensar en Campbell y sus millones de hermanas. La guerra y la miseria lanzó a muchas familias al mar; de igual manera que las columnas de derrotados cruzaban la frontera francesa en el 39, muchedumbres huyeron de Siria o Afganistán buscando asilo en Europa y, como en aquel tiempo, los menos pobres, que ahora son otros, han respondido con displicencia y crueldad: miles de personas hacinadas junto al mar y rodeadas por una alambrada, sin garantía alguna para sus derechos, sin recursos para reaccionar frente a los abusos, sin una cama ni un techo decentes bajo el que pasar la vida.

Los hombros que reciben el mayor peso de esta injusticia insoportable son de mujer. La desprotección de las mujeres durante sus precarios viajes y en los campos las convierte en fáciles víctimas para la violencia sexual; la ausencia de una administración de justicia accesible las entrega a los atavismos que justifican los crímenes contra ellas; la carencia de una educación adecuada para las jóvenes las condena a la pobreza y el sometimiento por generaciones; y el terrible virus es una nube oscura que solo añade más cerraduras a esa prisión. Nos lo quiso recordar Amnistía Internacional hace unos años en un documento que, probablemente, casi nadie ha leído en Europa: I want to decide about my future.

Europa ha construido en Grecia un patio trasero y allí pretende abandonar a miles de mujeres que podían haber sido libres. Con sus esperanzas, se quiebra la de la igualdad plena para todas, vivan donde vivan, aunque no compartan su triste suerte, porque la discriminación es una infección incontenible. El heroísmo de María Campbell podría inspirar a las mujeres de todo el mundo, pero, sobre todo, debe avergonzar a los líderes que han decidido que la injusticia es una epidemia con la que se debe convivir.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios