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¿Qué fue del admirado Reino Unido?

La mala gestión de los atentados y la pelea electoralista en torno a los mismos hubiesen sido impensables en el viejo Reino Unido

De la deriva del Reino Unido en los últimos tiempos se extrae una lección importante: ninguna sociedad o nación, por muy sólida y seria que parezca, está libre de su paulatina decadencia si tanto sus dirigentes como sus ciudadanos se empeñan en llevarla por derroteros indeseados. En las últimas décadas, el Reino Unido ha sido un país profundamente admirado por los españoles: sus libertades, su manera de conjugar la tradición con la más rabiosa modernidad, sus viejas y sólidas instituciones democráticas, su prosperidad económica, su orgullo nacional, su capacidad para gestionar la pluralidad provocada por su vasto imperio, la educación de sus ciudadanos y funcionarios públicos, la eficacia de sus transportes, su limpieza y urbanidad... Como le confesó el ex ministro español de Exteriores Fernando Morán a la ex primera ministra Margaret Thatcher, el Reino Unido era el espejo en el que la España que salía de cuatro décadas de dictadura quería verse reflejada. Sin embargo, en los últimos tiempos, el Reino Unido ha dejado de ser aquella arcadia democrática para convertirse en un país aislado y desconfiado, con graves problemas de eficacia y tensiones sociales y raciales que antes eran impensables. Hoy, nos encontramos ante una nación traumatizada por la crisis que se ha echado en los brazos del populismo más banal, como se pudo ver en el referéndum del Brexit. La comprobada ineficacia de los servicios de información en los últimos atentados yihadistas, la frialdad y lentitud con la que se ha tratado a las familias de los desaparecidos el pasado sábado -entre ellos el español Ignacio Echeverría-, los dimes y diretes electoralistas en los que se han enfrascado la candidata conservadora, Theresa May, y el laborista, Jeremy Corbyn, por los fallos en seguridad -antes impensable en la cohesionada y orgullosa sociedad británica- nos indican hasta qué punto el Reino Unido ya no es el país que admiraba la España del pasado. El Reino Unido está convocado hoy a las urnas, pero es difícil que tanto May como Corbyn -que están prácticamente empatados en las encuestas- puedan tener la llave de salida de esta situación. Ambos son dos versiones de una misma crisis social y moral provocada por el populismo tanto de derechas como de izquierdas, ambos metieron a su país en el atolladero del Brexit y, en estos días, ambos se han empeñado en politizar una tragedia nacional. No será así como el Reino Unido recuperará el prestigio internacional perdido.

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