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Una pérdida de tiempo, sin justificación

Con su moción de censura, Pablo Iglesias sacrifica los intereses de todos los ciudadanos a una estrategia personal y partidaria

El Congreso de los Diputados acoge hoy la tercera moción de censura de la Democracia española, un mecanismo contemplado por el artículo 113 de nuestra Constitución para la sustitución del presidente del Gobierno sin pasar por las urnas y que, por su propia naturaleza, sólo debe activarse por causas muy justificadas. Las dos mociones anteriores, la ensayada por Felipe González contra Adolfo Suárez en 1980 y por Antonio Hernández Mancha contra Felipe González en 1987, no prosperaron debido a la falta de apoyos parlamentarios (se exige mayoría absoluta), pero al menos fueron impulsadas por los que en esos momentos eran los principales partidos de la oposición. Sin embargo, hoy asistiremos a la extravagancia de que sea Podemos, el tercer partido en representación parlamentaria, con 67 diputados menos que el PP, la formación gobernante, el que intente erigirse como presidente del conjunto de los españoles. Evidentemente, estamos ante un brindis al sol que no dejaría de ser una simple anécdota si no supusiese una monumental pérdida de tiempo en unos momentos en los que el Parlamento debería estar centrado en solucionar los muchos y graves problemas que tiene el país. Con su moción de censura, Pablo Iglesias sacrifica los intereses generales de todos los ciudadanos a una estrategia personal y partidaria. El líder morado sabe mejor que nadie que no cuenta con ningún apoyo más allá de ERC -un partido que quiere romper ilegalmente el Estado- y, quizás, alguna otra formación radical. También sabe que su iniciativa no responde a las verdaderas preocupaciones de los españoles, que asistirán a la sesión de hoy con una mezcla de escepticismo y resignación. Como se dice coloquialmente, no es un debate que esté en la calle. El mismo Gobierno, que despacha el asunto con una cierta condescendencia, lo ha tratado en todo momento como un problema menor. A nadie se le escapa que, con este movimiento, el líder morado piensa más en la particular batalla que mantienen PSOE y Podemos por el liderazgo de la izquierda que en proponer una auténtica y viable alternativa de Gobierno. Sin embargo, todo indica que, tras las primarias socialistas, la moción de censura ha quedado desfasada y sin sentido, incluso para los particulares objetivos de Iglesias. Sencillamente, hoy asistiremos a una completa pérdida de tiempo sin más interés que su posible anecdotario.

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