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En Afganistán más de lo mismo, pero ahora peor

La historia nos enseña quelas posibilidades de éxito son mínimas y lo peor es que cada fracaso origina grandes crisis humanitarias y aumenta la amenaza terrorista

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En Afganistán más de lo mismo, pero ahora peor

Durante las últimas semanas el flujo de información sobre la situación en Afganistán ha sido muy abundante y también los análisis que se han realizado intentando explicar las razones por las que se ha llegado a la situación actual. La crisis humanitaria que ha generado lo ha impregnado todo y no es para menos, cuando pensamos que muchos afganos han visto muy cerca un cambio definitivo en sus vidas, especialmente las mujeres, sufrirán las consecuencias de la radicalidad talibán y su futuro pasará a ser muy diferente del que hubieran deseado.

A todo ello hay que unir un primer atentado terrorista y la amenaza de que Afganistán vuelva a ser una base para grupos terroristas que puedan atentar contra Occidente. Nos podemos encontrar con un nuevo reducto que, sumado a los que ya existen en diversos países de Oriente Medio y África, volverán a elevar la amenaza terrorista sobre nuestros países.

EE.UU. decidió intervenir en Afganistán a raíz de los atentados del 11-S de 2001, por ser la base principal de Al Qaida, responsable de los atentados. A esa intervención se unieron posteriormente otros países, algunos, entre ellos España, dentro del paraguas de la OTAN y otros participando en una gran coalición, con el objetivo de llevar a cabo una lucha preventiva contra el terrorismo internacional que proporcionara seguridad a sus países. Eso se tradujo en una ocupación del país que consiguió desalojar a los talibanes y acabó con el refugio de Al Qaida.

En paralelo, se intentó que hubiera un gobierno afgano democráticamente elegido que, con vistas al futuro, proporcionara seguridad y se hiciera con la gestión del país apoyado en unas fuerzas armadas y de seguridad organizadas, entrenadas y equipadas por los países occidentales.

No ha sido así, a pesar del gran esfuerzo que se ha realizado por los 49 países de la coalición internacional liderada por EE.UU., que han llegado a contar con más de 130.000 efectivos sobre el terreno en los 20 años que han estado presentes en Afganistán. A ello hay que añadirle el alto número de vidas que se han perdido durante todo este tiempo.

Lo previsto era que el gobierno afgano apoyado en unas fuerzas de seguridad en número superior a los 300.000 efectivos pudiera mantener la estabilidad del país frente a los escasos 75.000 integrantes de las fuerzas talibanes, que además estaban mucho peor equipados. Sin embargo, la gobernabilidad del país y la resistencia de sus fuerzas de seguridad se ha desvanecido en cuanto han dejado de contar con el apoyo internacional.

La principal razón es que, en una sociedad tan tribal, con unas tradiciones y una influencia de la religión muy grandes, los cambios sociales, culturales y de su sistema de gobierno requieren mucho tiempo y la voluntad de la mayoría de la sociedad para asumirlos. No se pueden construir de forma artificial.

El gobierno afgano carecía de un apoyo mayoritario dentro de la sociedad, su nivel de corrupción era muy elevado y su poder se sustentaba en el apoyo extranjero. Sin ese apoyo, su fracaso solo era cuestión de tiempo, máxime cuando en este caso los talibanes luchan por unos ideales sólidos y se sustentan en unos principios religiosos (aunque nos resulte difícil entenderlo).

En mi opinión, la razón de lo que ha ocurrido es que, una vez más, la comunidad internacional no ha sido capaz de cambiar a una sociedad y mucho menos la forma en que es gobernada. Son excepción las veces que se ha conseguido, lo normal es que en no haya sido así y ejemplos hay muchos: Afganistán, Siria, Iraq, Libia… y en el pasado otros muchos de muy distinto signo político.

En palabras de la Canciller Merkel, "hay que poner fin a la idea de intentar construir desde fuera la democracia en otros países sin tener en cuenta su realidad social". La historia nos enseña que las posibilidades de éxito son mínimas y lo peor es que cada fracaso origina grandes crisis humanitarias y en este caso también aumenta la amenaza terrorista a corto y medio plazo. Por eso el caso de Afganistán es uno más en la lista, pero si cabe todavía peor, por venir a sumar una nueva crisis humanitaria a las que ya existían y posiblemente un nuevo santuario para el terrorismo.

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