Tribuna

Javier Pery Paredes

Almirante retirado

1917

La película sugiere muchas cosas. A mis ojos, muestra lo poco que cambió la esencia de la milicia, a pesar de todas las mudanzaS

1917 1917

1917

Nada debe extrañar que la película "1917" obtenga los primeros premios de academias cinematográficas. Lo que en ella cuentan sus autores y perciben los espectadores forma parte de un todo: una sociedad consciente de por qué peleó, pelea y, con toda probabilidad, peleará. Para ser dueña de su pasado, de su presente y de su futuro. Tan cierto como que vivimos en un mundo cambiante es que combatir también cambió. Muchas de las escenas de la película serán difíciles de reproducir en combates actuales. Un siglo después, abatir al enemigo requiere menos proximidad al adversario. Del abordaje y el asalto a la bayoneta, con el rostro del contendiente pegado a la nariz, se pasó al sistema inteligente que lo alcanza más allá del horizonte y al otro lado de la colina, con anonimato. Lo hizo primero la artillería y después la aviación, tanto en la mar como en tierra. Después llegaron los sistemas no tripulados, esos dispositivos aparentemente sin alma, dirigidos vía satélite, que alejan la visión cruenta de la acción a cientos o miles de kilómetros. Sin embargo, nada tan equívoco como ese cambio aparente. Es cierto que se produjo una alteración en el modo de combatir. Lo fue porque hoy prima, en las naciones responsables, la voluntad de tener la capacidad de hacer un uso de la fuerza preciso y proporcionado para vencer, que le permite: neutralizar al adversario, reducir el riesgo para los propios y evitar el daño colateral a los ajenos; todo al mismo tiempo. Algo que difiere de la violencia indiscriminada, el desprecio a la vida de los propios y el perjuicio generalizado del que hacen uso los señores de la guerra: los hoy apodados genéricamente terroristas.

La película sugiere muchas cosas. A mis ojos, muestra lo poco que cambió la esencia de la milicia, a pesar de todas las mudanzas. Expone la evolución de la conducta de un soldado que pasa de la incomodidad de una trinchera, al riesgo en campo abierto, a la insidia de las trampas para incautos, y un largo etc. Alguien que acepta seguir a su compañero de armas por amistad, asumir después la tarea de su amigo por camaradería y finalmente cumplir con el deber, esa deuda moral que todo militar adquiere con su patria cuando viste el uniforme.

La cosa va más allá. Muestra cómo, por propio honor y espíritu, asume el riesgo de perder la vida, sin buscar más recompensa que salvar a unos desconocidos soldados, cumplir con la palabra dada a un amigo, al tiempo que rechaza una cómoda retirada a medio camino cuando encuentra el apoyo de los suyos, escucha el consejo de sus superiores y, sobre todo, es piadoso con una desconocida que, igual de compasiva, cuida de un indefenso ser humano, simplemente porque lo es. En el fondo, una colección de secuencias que, con imágenes, viste la cruda realidad de la guerra: un enfrentamiento de voluntades contrarias e independientes que tratan de imponerse la una a la otra con el uso de la fuerza; muy distinta de la visión romántica, por irreal y triste, de quienes la ven exclusivamente como una ausencia de paz.

Con todo y con ello, "1917" me lleva también a compararla con otras películas donde la guerra está presente o sus personajes asumen en algún momento el rol de soldado. Será por aquello de pertenecer al viejo continente, con tantas guerras en su historia, que el realismo con que se reflejan las virtudes militares en la película británica me resulta más próximo que la exposición de esos mismos atributos en las películas estadounidenses. No obstante, unas y otras coinciden en enviar al espectador un mensaje positivo de lealtad, espíritu de servicio, cumplimiento del deber, compañerismo, misericordia... que honra tanto al soldado como a la sociedad que lo cobija.

Será porque la sociedad española, además de verse alejada de las últimas guerras mundiales, vivir en los dos últimos siglos más enfrentamientos civiles con fines independentistas y partidistas que otra cosa, o difundir el equívoco de que fuerzas armadas españolas sólo llevan a cabo operaciones de paz, sin hacer uso de la fuerza, hace que las películas y series españolas, con trasfondo de guerra, reflejen habitualmente las contra-virtudes de sus correspondientes sajonas, al tiempo que suelen mandar a la sociedad un mensaje equivoco y negativo sobre la milicia y el combatiente que ni se desea recibir ni se corresponde con la realidad.

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