Tribuna

Javier soriano

Coronel en la reserva

Complicidad ruso-germana en la Gran Guerra

Desde septiembre de 1939 hasta junio de 1941, con la invasión de la URSS por el Ejército alemán, ambos Estados, la URSS y Alemania colaboraron para conseguir sus objetivos políticos

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Complicidad ruso-germana en la Gran Guerra

A LOS 80 años del inicio de la 2ª Guerra Mundial, es una perogrullada decir que el bloque derrotado Berlín-Roma-Tokio fue culpable de ello, pero nos olvidamos del papel jugado por uno de los vencedores, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en los dos primeros años de esta guerra, que se inició con el ataque alemán a Polonia el 01 de septiembre de 1939, y dio lugar al Ultimátum de Francia y Reino Unido a Alemania el 03 de septiembre, por el que ambas naciones entraron en guerra. El 17 de septiembre, las tropas rusas invadieron Polonia y convergieron con las alemanas en la ciudad de Brest-Litovsk, hoy bielorrusa, pero entonces polaca. El 27 de septiembre los polacos se rindieron a alemanes y rusos.

Cuando acabó la guerra, en los juicios de Núremberg, llevados a cabo por las naciones aliadas vencedoras para dirimir las responsabilidades de los dirigentes del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich alemán, uno de los cargos contra el Mariscal Wilhelm Keitel, su ayudante personal Alfred Jodl y el Ministro de Asuntos Exteriores von Ribbentrop, fue el de conspiración por cometer agresión contra Polonia en 1939, cuando sabemos que en los Protocolos Secretos del Pacto Nazi-Soviético del 23 de agosto de 1939, se incluía el reparto de Polonia entre ambos regímenes, como así se cumplió. Pero, sin embargo, los líderes soviéticos no sólo no fueron juzgados por formar parte de la misma conspiración, sino que en un alarde de hipocresía, actuaron como acusación.

Así mismo, en estos juicios se acusó a los alemanes de las matanzas con un tiro en la nuca de unos 20.000 polacos en los bosques de Katyn, tras la ocupación rusa de la parte que le correspondía en el reparto de Polonia. A pesar de que fueron los propios alemanes los que descubrieron en 1943 las inmensas fosas comunes y que ya entonces la Cruz Roja y una Comisión Internacional pudo comprobar la autoría soviética, las potencias aliadas, en una demostración de cinismo, mantuvieron que la responsabilidad de estas matanzas fue alemana.

Tras la caída de Polonia, vendría la expansión soviética sobre las costas del mar Báltico, adueñándose de Estonia, Letonia y Lituania, esta última, a cambio de territorios polacos a Alemania. Luego le llegaría el turno a Finlandia. Es decir, mientras en el frente del oeste, los ejércitos franco-británicos y alemanes evitaban la agresión directa y se saludaban como amigos hasta mayo de 1940, los soviéticos ya habían conseguidos sus objetivos en el este, con el silencio de las potencias occidentales, de tal manera que al final de la guerra, la URSS había conquistado un territorio mayor del previsto en los pactos de Stalin con Hitler. Por su ataque a Finlandia, la URSS fue expulsada de la Sociedad de Naciones el 14 de diciembre de 1939.

La represión soviética en los países bálticos fue puesta en marcha a través de la orden número 001223, llamada "Sobre el procedimiento para llevar a cabo la deportación de elementos antisoviéticos de Lituania, Letonia y Estonia". En su primer año, alrededor de 125.000 personas fueron eliminadas; unas 60.000 en Estonia, 35.000 en Letonia y 30.500 en Lituania. Entre ellas, antiguos jefes de Estado, ministros y presidentes.

Desde septiembre de 1939 hasta junio de 1941, con la invasión de la URSS por el Ejército alemán, ambos Estados, la URSS y Alemania colaboraron para conseguir sus objetivos políticos, llegando incluso la URSS a abastecer a Alemania para que esta pudiera mantener su esfuerzo de guerra en el frente occidental. Pero con la invasión, Hitler convirtió a Stalin de agresor en agredido, aliándolo con las potencias occidentales, que no tuvieron ningún reparo en mirar para otro lado ante los crímenes de guerra cometidos por los soviéticos.

Pero también las tropas soviéticas fueron culpables, tras entrar victoriosas en territorio alemán, de la violación de cerca de dos millones de mujeres alemanas de todas las edades y condición. Y campos de exterminio nazis ubicados en territorios ocupados por los soviéticos, fueron reutilizados por estos.

Y mientras esto ocurría, los principales dirigentes comunistas españoles, entre ellos La Pasionaria y Santiago Carillo, vivían holgadamente exiliados en Moscú. Pero dudo que de esta parte vergonzosa de la historia del comunismo se hable en los cursos y campamentos paramilitares de verano organizados por los neocomunistas españoles del siglo XXI.

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