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Después de la sentencia Después de la sentencia

Después de la sentencia

Aesta fecha ya se habrá escrito todo o casi todo sobre la Sentencia. Por ello resalta solo lo esencial de la misma; el Tribunal Supremo tras un juicio justo y con plenas garantías ha declarado delincuentes a unos presuntos delincuentes y políticos independentistas catalanes. y en consecuencia les ha condenado a penas de prisión y no menos relevante, quedan inhabilitados para cargo público, es decir, les aparta de la política.

Tras conocerse la Sentencia los independistas han mostrado su cara más agresiva. Y lo han hecho con toda la coherencia de sus anuncios previos explícitamente declarados por el agitador Joaquin Torra y adláteres. Cataluña sufre una ola de violencia inusitada y turbas organizadas lograron tomar el aeropuerto del Prat con la obligada cancelación de cientos de vuelos. Las vías ferroviarias cortadas con alambradas y fogatas en los raíles y barreras humanas en autovías y carreteras imposibles de transitar, violentas concentraciones frente a la Policía Nacional, rotura de puertas y cristales en las sedes de partidos constitucionalistas. Y el Presidente de la Generalitat azuzando estos grupos de guerrilla urbana con estrategias y prácticas puramente revolucionarias. El saldo de heridos es alarmante; a esta hora que escribo 131 manifestantes, 48 policías y mossos, algunos de gravedad. En este escenario de tensión extrema Torra vuelve a manifestarse contra el Estado de Derecho declarando" lo volveremos a hacer", insumisa actitud de desobediencia al Tribunal Supremo y a la Constitución española.

Nada de lo anterior es ya sorpresa en una Autonomía en claro proceso de desobediencia civil y de insumisión a las Leyes. Lo que ahora importa es conocer qué respuesta tiene el Gobierno de España para defender la supremacía de la Ley en Cataluña. Es el momento para que el Estado de Derecho se muestre con la obligada determinación y rotundidad ante la incuestionable gravedad de estos hechos requieren. Ningún país del mundo podría soportar esta situación que está perjudicado gravemente la economía de Cataluña y de España, la tranquilidad de millones de ciudadanos catalanes que rechazan esta ola de disturbios y merecen toda la protección del Estado español, garante máximo de las libertades. Pero es cierto que se observa una asimetría en los comportamientos y en las respuestas a estos hechos. Los independentistas radicales apuestan claramente por unas jornadas de revolucionarias y están dispuestos al uso de cualquier violencia contra bienes públicos y privados y contra personas físicas; policías y mossos y ciudadanos constitucionalistas. Recordar que la Guardia Civil abortó los planes claramente criminales de siete miembros de los CDR por tenencia de materiales explosivos , planos y direcciones de edificios que supuestamente serían objetivos de atentados. Tan evidentes fueron las pruebas y la acusación de la Fiscalía que el Juez Instructor de la Audiencia Nacional ordenó su inmediato ingreso en prisión. Ahora en estos días de revueltas y cargas policiales, la violencia física se ha extendido a mujeres, una en Tarragona y otra en Gerona que portaban pañuelos con la bandera española .La violencia llega a estos extremos; golpes, contusiones, amenazas a quien pueda disentir públicamente del único pensamiento permitido por estos desbordados grupos violentos; puro totalitarismo fascista en esta Europa de las libertades del siglo XXI. Pero habrá que preguntarse algo elemental,¿ de donde sale todo este dinero que financia las olas de violencia en Cataluña? las revoluciones y todo movimiento de masas necesitan dinero , mucho dinero. Traslados, jornadas laborales perdidas, quebranto económico para empresas públicas y privadas. No cabe imaginar que las

decenas de miles de participantes puedan costear ellos mismos lo que estos días de huelga suponen para sus bolsillos. Algún día, algunos habrán de responder a esta cuestión si finalmente el imperio de la Ley apacigua Cataluña. A todo esto sumar los daños materiales que ya son muy notables además de los perjuicios a empresas y particulares y es de suponer que todo ello tenga consecuencias.

Ante las evidencias televisadas día y noche, la respuesta del Presidente , Dr. Sánchez, considera que no es preciso ningún pacto de Estado entre los principales partidos constitucionalistas para dar una respuesta conjunta a la situación extrema. Tampoco a la petición de Ciudadanos de recuperar las competencias penitenciarias traspasadas temerariamente a la Generalitat de Cataluña en 1.983 por el Gobierno de Felipe González. Está claro que Pedro Sánchez se mueve por intereses electoralistas y no parece dispuestos a dar las respuestas que muchos españoles y catalanes esperan. Ni siquiera a mostrar los recursos que el Estado puede utilizar con plena legalidad de democrática. Prefiere esa política de "apaciguamiento" que lamentablemente alimenta la obcecación de quienes ya no se detienen ante nada. Y este es el espejo ante el que al Presidente del Gobierno ha de contemplar cada mañana Cataluña en pleno ardor revolucionario y sus gobernantes autonómicos atizando las hogueras del odio contra España. Como muestras de lo anterior y en las horas que Cataluña ardía las delirantes declaraciones de Carmen Calvo, ese prodigio del intelecto, ante las cámaras de Tvs; "la situación está dentro de la normalidad, y lo que estamos viendo puede calificarse de "razonable". Ese mismo día el diario pro catalanista, La Vanguardia, describía así en su portada el horror desatado; "Las hogueras y el fuego que se eleva en el cielo de Barcelona nos retraen a las jornadas de 1909 en la Semana Trágica" Y esa noche con 134 barricadas de fuego en Barcelona, la Policía desbordada , la Delegación del Gobierno y cuarteles de la Guardia Civil sitiados por las turbas, el Ministro de Interior en funciones, el juez Grande Marlaska, tomaba unos mojitos entre amigos en el restaurante "Válgame Dios" del barrio de Malasaña de Madrid.

No son ejemplares las actitudes de algunos Ministros, ni la del Presidente del Gobierno envuelto en la retórica de la vacuidad repitiendo la misma cantinela para eludir, al más puro estilo de Mariano Rajoy, enfrentarse con decisión a esta situación insostenible restableciendo la ley y el orden en Cataluña. Un escenario donde sin renunciar al diálogo es ya inaplazable la presencia activa del Estado capaz de devolver la normalidad en las calles, y vías de comunicación y transporte en toda Cataluña. La solidez de un país se mide por la capacidad de impedir la desobediencia a las normas que lo rigen, renunciar a ello abrirá nuevas vías a estas violentas expresiones de insubordinación y desobediencia civil. Es decir, el Estado de Derecho rehén de los sediciosos.

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