Tribuna

Javier Pery Paredes

Almirante retirado

Nochebuena, una buena noche

Que nadie se venga abajo por los límites establecidos estas Navidades a los círculos familiares, una imposición burocrática, convertida en orden administrativa y camino de mutarse en obligación con carga penal

Nochebuena, una buena noche Nochebuena, una buena noche

Nochebuena, una buena noche

La situación que se vive en España propicia pocas o nulas reuniones estas Navidades, un periodo del año donde se reflejan con mayor claridad y luminosidad los vínculos afectivos, en particular los familiares, de las gentes de buena voluntad. A diferencia de aquellos cuyas obligaciones profesionales o circunstancias ocasionales así lo demandan, estas Pascuas serán diferentes para quienes, en los años pasados, disfrutaron siempre de la gracia de compartirlas con sus familias. Esta vez se verán envueltos en un entorno distinto. La Nochebuena así, lejos de lo familiar, será una vivencia personal diferente que marcará y recordarán siempre. Una celebración donde la familia natural dejará un hueco a otra adoptiva: la profesional.

En el servicio público y de cara al público, resulta común que se viva esa situación singular en alguna ocasión a lo largo de los años. En la milicia es así con toda una práctica seguridad. Unas veces porque toca montar guardia en la base de estacionamiento y otras por andar en la mar o destacado lejos de casa y de la Patria. Para unos, la ausencia será corta y temporal. Unas horas de nocturnidad, enfrascados en la tarea profesional, darán paso a un luminoso día de Navidad donde el efímero alejamiento de una noche se convertirá en un prolongado día de reencuentro familiar. Para otros, la separación será más larga. Unas veces porque la geografía impone su ley. La distancia retrasará el ansiado retorno e impondrá una diferencia horaria que anticipará el momento de brindar por el Nacimiento del Niño Jesús.

Pero serán pocos los lugares donde al aislamiento físico se sume el virtual. Quedan escasas zonas del mundo donde los satélites dejan de proyectar su presencia. Pasaron los tiempos en que, desde el otro lado del mundo, había que confiar en la buena propagación atmosférica de las ondas para que las estaciones radio de Pozuelo del Rey o del Estado Mayor de la Armada pusieran en conexión a la gente en la mar con sus familias en tierra. Las más de las veces, únicamente avezados operadores radios eran capaces de recibir las débiles señales y, por ello, se convertían en intermediarios de los mensajes de afecto. Había que conformarse y desear que el radiotelegrafista los retransmitiera lo más nítidamente posible. Aún me queda el recuerdo de alguna de aquellas emisiones desde el Juan Sebastián de Elcano… "que dice el caballero guardiamarina que la quiere a usted mucho".

Sea como fuere, cuando celebras una Nochebuena en la mar o destacado lejos de casa, encuentras otra familia a tu alrededor, los

compañeros de armas, o como dice Mark Knofler en una de sus baladas mas sentidas: "Brothers in arms"; algo más que camaradas, hermanos a los que te unen, además de tareas profesionales, afecto y solidaridad. Sentimientos que nacen cuando tu vida está ligada a la de otros, y viceversa. Así, al igual que te rodeas de los tuyos en casa, te amalgamas esa noche en la gente con la que formas una dotación o un destacamento que se convierte en esa otra familia, por obra y gracia de una noche, en una realidad tangible para siempre.

Y una vez que así has vivido una Navidad, como se siente el vacío de los familiares ausentes en estas fechas, se percibe la ausencia de los hermanos de armas de esa otra familia. Y eso, por más que se despinten sus rostros con el tiempo pasado o, simplemente, se pierdan sus nombres en la memoria. La razón es, más allá del vínculo administrativo, se manifiesta esa noche una unión estrecha, una cohesión fuerte, entre quienes comparten el mismo rancho, sentados alrededor de la misma mesa, por más que cada uno guarde gustos diferentes. Ya se sabe que cada soldado es único, nadie le representa salvo él mismo. Cada cual adorna su pecho con lo que hace, más allá del vestido que porta. Ya dijo hace siglos Calderón de la Barca de los soldados en Flandes.

Así que nadie se venga abajo por los límites establecidos estas Navidades a los círculos familiares, una imposición burocrática, convertida en orden administrativa y camino de mutarse en obligación con carga penal. Nada convertirá la Nochebuena en una mala-velada. Siempre será una buena-noche porque, como en la milicia, la gente de buena voluntad descubrirá que tienen una familia mayor de lo que creían y otros, simplemente, reforzarán su creencia de que todos somos hermanos y, como el Niño que va a nacer, hijos de Dios.

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