Tribuna

Manuel Peñalver

Catedrático de Lengua de la UAL

Pedro Sánchez no es Gary Cooper

¿Por qué Sánchez habló de rebelión antes y ahora, no? Fuera de la Constitución, hay poco margen. Y Sánchez lo sabe leyendo al filo de la memoria

Pedro Sánchez no es Gary Cooper Pedro Sánchez no es Gary Cooper

Pedro Sánchez no es Gary Cooper

Pocos creían que Pedro Sánchez, cuando fue apartado de la secretaria general del PSOE, por la rebelión de los barones o, al menos, de una parte de los mismos, sería en 2018 presidente del Gobierno. Más bien, lo imaginaban en una situación de empleo precario, presentando el currículum en empresas privadas y públicas y guardando turno en las largas colas del INEM. La reina de Triana, la aspirante a sucederlo, nunca llegó a pensar que su enemigo íntimo corriendo por los amaneceres de la Moncloa. Y, menos aún, que llegaría a pactar los presupuestos con Iglesias. Mas resulta que, si este superviviente de la política y de las intrigas de partido y de palacio no es Gary Cooper, alguna semejanza tiene con el célebre actor; estrella y protagonista de Solo ante el peligro y El hombre del oeste. En ambas películas del género se perciben, más que las cualidades del pistolero rápido y balandrón, engreído y altanero, bravucón y desafiante, la inteligencia emocional de un hombre que intuye que, ante la adversidad, no caben más recursos que la fortaleza mental, el autocontrol y el estado zen. Sánchez, sin ser Cooper, sí ha dado una lección de autodominio budista, ayurveda, yogui e hindú, para salir adelante, cuando una parte, ciertamente significativa, de sus propios compañeros se preparaba para presenciar el funeral y enterrar el cadáver entre la indiferencia y la ironía. Sin embargo, para la sorpresa de unos y la incredulidad de otros, resucitó, como Lázaro, el hombre que, conduciendo su viejo Peugeot, demostró que, sin asemejarse al as de oros del western, puede serlo en las escenas repetidas de un tráiler.

Mas Sánchez, superada aquella tormenta que cayó sobre su desprotegida cabeza en la sede de Ferraz, tendrá que, convertirse, en los momentos actuales, en adiestrado capitán para que la nave del Estado y de la nación no zozobren ante la aviesa embestida del vendaval independentista; el cual amenaza con llevarse por delante todo lo que salga a su paso, como si fuera un torrente proceloso e indomable. Ante este panorama, a quien sobrevivió a tanta patraña no le queda más remedio que aliarse con los constitucionalistas y desmentir con hechos y realidades que el calificativo de golpista, que le atribuyen ciertos sectores, no es más que una calumnia, una difamación y una maledicencia. Aseverar, como Brandon Sanderson, en esos instantes en los que la vida es un sueño calderoniano: "Este mundo es a veces una tempestad. Pero recuerda: el sol siempre vuelve a salir", es divisar Ítaca desde la reflexión.

Así, surge la pregunta en la inmediatez de los segundos que el tictac del reloj de Solo ante el peligro preconizaba de otra manera: ¿Es convocar elecciones generales lo que debería hacer el Gobierno socialista para salir de este desfiladero? Es posible que este sea un pensamiento kantiano que algunos miembros del gabinete y del partido muestren al presidente. Sin embargo, la duda cartesiana vuelve y gira sobre sí misma, como si esa convicción no acabara de establecerse en la estrategia sanchista, tan pendiente del márquetin y de la hora exacta para sorprender a Casado, a Rivera y al mismo Pablo Iglesias. ¿Acertará esta vez Iván Redondo como acertó en la moción de censura, dejando a Rajoy como el gallo de Morón? Para este perspicaz asesor, la política es ajedrez y estrategia en el tablero del poder, donde un solo paso en falso puede tener como resultado el jaque mate. De ahí, la importancia de los movimientos de alfiles, caballos, torres, peones y dama. La partida es percibida ya en las sedes de Ciudadanos, del Partido Popular, de Podemos y de los nacionalistas. Es el tiempo de los estrategas, que han sido enviados por sus jefes a explorar el territorio del adversario con el fin de observar cualquier movimiento. Saben que hay que mover las piezas con disimulo y prudencia, pero, a la vez, con ingenio y agudeza; valentía y astucia. En estas circunstancias, no pueden ser olvidadas aquellas palabras de Quin Torra I, el Temerario: "Si no hay propuesta para ejercer la autodeterminación de manera pactada, vinculada y reconocida internacionalmente antes de noviembre, el independentismo no podrá garantizar ninguna estabilidad en el Congreso al señor Sánchez". Este enunciado, en forma de sintaxis amenazante y retorcida, laberíntica y golpista, es, corra la cortina o no, lo que quita el sueño a Pedro I, el Resucitado y a sus fieles. ¿Por qué Sánchez habló de rebelión antes y ahora, no? Para vencer en esta partida y salvar la nación, el presidente no solo tendrá que ser Gary Cooper, sino John Wayne, Dean Martin, James Stewart, Clark Gable. Y Spencer Tracy. Aquel que amó locamente a Katharine Hepburn. Fuera de la Constitución, hay poco margen. Y Sánchez lo sabe leyendo al filo de la memoria.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios