Tribuna

Manuel Peñalver

Catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería

Pedro Sánchez se fuma un puro

La política y la literatura se parecen en tanto en cuanto las claves hay que descifrarlas para interpretar de la forma más acertada el sentido. Y lo cierto es que, en esta situación, todas las ventajas son para el nuevo PSOE, como dirían los viejos socialistas, comenzando por Alfonso Guerra

Pedro Sánchez se fuma un puro Pedro Sánchez se fuma un puro

Pedro Sánchez se fuma un puro

Nunca llegué a pensar que, un día cualquiera, tendría que comparar, en algún aspecto, a Pedro Sánchez con Mariano Rajoy. Ni mis amigos Alfonso Berlanga y Fernando Martínez, socialistas para la historia y los anales de la leyenda, se lo podrían imaginar. Pero sí. Anda Pedro I el Grande, antes el Desahuciado y el Temerario, cavilando y pensando, con Iván Redondo y, quizá, Carmen Calvo, la reina de Cabra, cómo se deben mover las piezas en el tablero de la partida de ajedrez, en la que consiste la política, cuando el poder es el objetivo, como diría don Pablo Iglesias, con su chalé al fondo del paisaje velazqueño, donde la casta ya no está, ni se la espera. Don Pedro I el Grande, al que la reina de Triana consideró un cadáver, cuando el muerto estaba más vivo que Clint Eastwood en el western Por un puñado de dólares, manifiesta que la convocatoria de unas nuevas elecciones puede convertirse en un hecho. Y no es un disparate, ya que, como consecuencia de la fragmentación de la derecha y del deseo de Rivera de convertir en realidad la supremacía sobre el PP, el Partido Socialista, en su etapa sanchista, pueda rozar la mayoría absoluta, aprovechando los despistes de Casado, el padrinazgo de Aznar y el ir y venir desde Vox a otra posición más moderada y centrada. Pues bien, como don Mariano, el señor de Pontevedra, en sus mejores tiempos, Sánchez está dispuesto a fumarse un puro, sentado en las puertas de la Moncloa. El aroma de un buen habano, después de una buena siesta, y una copa de brandy, no disgusta a nadie, que aprecie los buenos momentos de la vida. Y Pedro I el Grande no tendrá inconveniente alguno en fumarse un puro cubano como hicieron Byron y Baudelaire, Robert de Niro o Belmondo, Chaplin o Hitchcock, Orson Welles o Coppola, John F. Kennedy o Felipe González y hasta el mismo Freud.

En el fondo, el señor Sánchez y una gran parte del sanchismo lo que desean es formar un gobierno de coalición (o de cooperación. ¡Vaya forma de colocar las palabras fuera de su casillero!) con Podemos y darle alguna cartera a su líder o a su lideresa (femenino, que aceptan, como bien sabemos, el Diccionario panhispánico de dudas y la nueva Gramática de la lengua española de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española). Sin embargo, con la iglesia hemos topado, puesto que el poder económico lo que pide, y casi exige, es el acuerdo con Ciudadanos, la cara más juvenil y amable de la derecha. Rivera (al que, sin conocerlo bien, este articulista llegó a comparar con Kennedy, sin que de esta comparación quede vestigio al día de hoy) ha dicho en las tribunas que no va a pactar con quien llegó a acuerdos con los independentistas; más el joven líder otea el poder y nada se puede dar por definitivo en un momento en el que los estrategas juegan sus cartas hasta por debajo de la mesa. El Grande, antes el Desahuciado, sabe que él tiene los ases y el rey de oros en sus manos, con las encuestas del CIS, bien anudadas por Tezanos, y, por tanto, se puede fumar tranquilo el puro, sin que el humo le impida ver la escena de los que lo dieron por desaparecido en la riada socialista.

La política y la literatura se parecen en tanto en cuanto las claves hay que descifrarlas para interpretar de la forma más acertada el sentido. Y lo cierto es que, en esta situación, todas las ventajas son para el nuevo PSOE, como dirían los viejos socialistas, comenzando por Alfonso Guerra. Tanto si mira a su izquierda, como si mira a su derecha, don Pedro sabe que los hilos del poder los maneja él. Y no como una marioneta, sino como una obra de Bertolt Brecht, que a todos nos gusta leer, como teatro dialéctico y de compromiso que es. Podemos y los tres partidos del centroderecha esperan. Mientras, Pedro I el Grande continúa fumándose su Montecristo o su Cohíba. Lentamente, despacito, como la canción de Luis Fonsi. Sin inmutarse y llevándose la mano al flequillo. Exactamente igual que Rajoy, el señor de Pontevedra.

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