Tribuna

Manuel Peñalver

Catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería

Susana Díaz, bética manque pierda

La mujer, que fue reina de Andalucía, sabe que irse a la Villa y Corte con su enemigo político es el suicidio del poder que tuvo y del que aún le queda

Susana Díaz, bética manque pierda Susana Díaz, bética manque pierda

Susana Díaz, bética manque pierda

Trianera y bética, de la virgen de la Esperanza y de Curro Romero, vio salir a Emilio Muñoz por la puerta del Príncipe entre olés y emociones, entre la calle Pureza y la calle Betis; allí donde una copa de manzanilla sabe a gloria y a triunfo, a poesía de Romero Murube y a lienzo de Romero de Torres, a veleros de Sanlúcar y a brisa del Guadalquivir, a feria de abril y a vestido de gitana, a albero de la Maestranza y a tendido de sol, a primavera y a parque de María Luisa, a caña de cerveza y a cante jondo, a bulería de María del Puerto y a guitarra, a tablao y a sevillanas, a métrica del pueblo y a horizontes infinitos; entre Cádiz y Sevilla, entre Roquetas y El Puerto, entre el Zapillo y la calle Sierpes, entre Pescadería y el barrio de la Viña: Camarón y Pansequito. Pero Susana percibe que Pedro (a quien eligió para que le guardara el huerto) la quiere destronar y ponerla al frente de un ministerio, de la embajada del Vaticano o de un cargo de libre designación, para que los duelos con pan sean menos, aunque en La lozana andaluza, en La pícara Justina y en el Quijote la versión del refrán sea (todos) los duelos con pan son buenos.

Susana, con cara de rumba de Los romeros de la Puebla y Los amigos de Gines, no quiere coger el tren de alta velocidad para Madrid, puesto que, cuando se subió la última vez, Sánchez le ganó por goleada, y esa derrota duele más que una de los verdiblancos en su campo frente al Sevilla, y que una bronca al faraón de Camas, después de irse de la cara del toro entre pinchazos y descabellos, entre almohadillas y lluvia, sin haber destapado el tarro de las esencias. La mujer, que fue reina de Andalucía, sabe que irse a la Villa y Corte con su enemigo político es el suicidio del poder que tuvo y del que aún le queda, mientras sus fieles no se pasen al bando contrario, que ya algunos lo han hecho y otros lo piensan para salvar la nómina: ¡que más cornadas da el paro!, conocedores de que fue Manuel García Cuesta el Espartero quien dijo: «Más cornás da el hambre». La sabiduría de Triana le enseñó que los falsos amigos, primero, se ríen contigo, y, luego, de ti. La expresidenta, que nunca hubiera formado pareja en el cine wéstern con John Wayne o Gary Cooper, pero sí, con Dean Martin o James Stewart, reconoce que se equivocó en las primarias una, dos y hasta tres veces, por los miedos escénicos, por la soberbia y por creer que Sánchez era un añojo, que ella podría torear con el capote y la muleta cuantas veces quisiera, en lugar de un militante de la resiliencia de la política, que tuiteó el alcalde de Jun. La señora Díaz Pacheco creyó que su rival, en lugar de un águila, era una avecilla, un canario, un chamariz, un colorín, un diamante mandarín, un gorrión montés, sin alas, un jilguero, un pajarillo, un periquito, recién salido del nido, un petirrojo, un ruiseñor; una pajarita de las nieves; una pajarita de papel, que ella podía modelar a su imagen y semejanza. No supo interpretar las consecuencias de lo que asevera una paremia tan sabia como esta: No hay que vender la piel del oso antes de haberlo casado. Y, ¡claro1, a la trianera se le vio el plumero, como a la infantería, creada por los liberales en el siglo XIX, el gorro coronado por un penacho de plumas de color rojo. Así, le puso en bandeja a Sánchez el siguiente enunciado: «¡A mí no me engañas, que te he visto el plumero!». La dama, que controló hasta la respiración de las agrupaciones, pensó que era Úrsula Andress, al lado de Frank Sinatra, y confundió a su íntimo enemigo con Juan Lanas; esto es, un don nadie, una mosquita muerta, una poquita cosa, cuando, en la realidad, aun no siendo Guy Williams, era el Zorro, aunque sin antifaz, sin espada y sin máscara,

Para ser, de nuevo candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía, quizá la consuele el lema de su equipo. Pero ni siquiera, diciendo, de agrupación en agrupación, ¡viva er Betis, manque pierda!, lo tiene asegurado. La venganza del sanchismo es un plato que se sirve frío. Como el cangrejo de río. ¿Volverán Susana y Pedro a dar caladas al mismo cigarro, a compartir los sorbos del mismo ron y a coger el mismo taxi?

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