Tribuna

Javier Pery Paredes

Almirante retirado

Las alas de la ignorancia

Con casi toda seguridad, los que se asoman a los balcones para reconocer la labor de quienes prestan asistencia a la gente, ya sean servidores públicos o particulares

Las alas de la ignorancia Las alas de la ignorancia

Las alas de la ignorancia

D"Nadie me preguntó, pero…" así se abría el apartado de opinión en una revista profesional donde marinos de todo el mundo exponían sus ideas, sin más reparo que someterse a la lógica positiva, esto es, enunciarlas con sentido común y para beneficio universal de la profesión. En los años que estuve suscrito a ella encontré abundantes temas para pensar sobre cosas que conocía, pero también debo decir que para darme cuenta de lo mucho que ignoraba sobre otros tantos. Sea como fuere, ante los primeros pude tomar una posición a favor o en contra y sobre los segundos, me alejé de cualquier crítica y guardé silencio.

Digo esto porque, entre las noticias que te sacuden por todas partes a modo de vapuleo intelectual, hay unas que responde a todo lo contrario de una lógica positiva: las que desprecian la razón, minusvaloran el conocimiento y contradicen todo porque sí. Está claro que llevar la contraria de forma razonada nada tiene que ver con ese "anti-lo-que-sea", esa manera de ofender a la inteligencia con ilógicas negativas y declaraciones insensatas, sin más. En el fondo, la paradoja es que actuar de tan irracional forma de ser únicamente sirve para confesar que la idea, y la razón, la tiene el otro.

Reconocer la ignorancia es síntoma de sabiduría. Esta máxima se la atribuyó Platón a Sócrates, ese griego amante del saber que el Oráculo de Delfos declaró como el más sabio entre los sabios. Se ve que en el pasado se daba crédito a la verdad, además de al conocimiento. Y, a más y más, se concedía valor positivo al ejercicio de humildad de reconocerlo. Por el contrario, hoy se considera sabio a quién, en la tierra de María Santísima, llaman sabiondo, ese que alardea de lo poco que conoce y lo encubre con una incontinente cháchara de palabrería, imposible de seguir, en la que se entreveran tantos "y por cierto" que derivan el tema hasta un erial mental y que lleva al interlocutor al desconcierto, "como no podía menos que suceder".

Con casi toda seguridad, los que se asoman a los balcones para reconocer la labor de quienes prestan asistencia a la gente, ya sean servidores públicos o particulares, vieron y oyeron el desprecio y el sectarismo con que representantes de los españoles, sentados en escaños del Congreso de los Diputados o en sillones del Consejo de Ministros, mostraron la semana pasada hacia instituciones y ciudadanos. Asumieron el papel de irracionales negativos

"anti-lo-que-sea". Porque resulta difícil entender cómo un diputado puede llevar la contraria a algo que ignora. Ser antimilitarista sin saber qué es espíritu de servicio y entrega a los demás es, por más que incomprensible, una clara manifestación de ignorancia. Si además se mantiene esa postura pseudo-pacífica con una actitud de belicosa supremacía, cuando la milicia asume su cuota de asistencia ante la emergencia nacional, resulta ilógica.

Comparto la visión de quienes ven en el estado de alarma una oportunidad. Lo dijo S.M. el Rey con el espíritu positivo y universal con que hace su tarea incansable y responsablemente por España y los españoles. Agradezco el bálsamo real porque permite pensar sin vehemencia. Sin embargo, esta coyuntura es también una desgraciada ocasión para los oportunistas. Visto que la emergencia toma visos de crisis, donde mas allá del riesgo del virus vendrán futuros adversarios, hay que considerar la opción más probable y la más peligrosa. Nada hay que imaginar, la reveló el sin par vicepresidente del Gobierno, las demás son mujeres, en su diatriba: todo para el Estado y por el Estado, lo demás sobra; y con su presencia: el cumplimiento de la ley es para los demás. Una perspectiva absolutista que ignora el parlamentarismo de nuestra monarquía constitucional.

Las alas de la ignorancia: desprecio de la razón y osadía en el hacer; pueden dejar de sustentar lo que somos. Reconozco que me costó escribir todo esto, porque descarto por principio incomodar al lector, pero lo decía Colin Powell, el que fue Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor y Secretario de Estado, al cambio Ministro de Asuntos Exteriores, en los Estados Unidos: "Ser responsable a veces significa molestar a algunas personas". Así las cosas, espero que pase pronto la emergencia, la quiebra económica sea leve y el conocimiento vuelva a la política. En caso contrario, nos quedará como siempre la familia para superar el trance.

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