Tribuna

Javier Pery Paredes

Almirante retirado

La bandera

La bandera es mucho más que un paño de seda bordado, es un símbolo único, sin réplica, como es la soberanía nacional

La bandera La bandera

La bandera

Hacew unas semanas, el primer ministro de Francia, Enmanuel Macron, izó la bandera de la Unión Europea en el Arco de Triunfo de la Plaza de la Estrella de Paris, hoy Charles de Gaulle. Visto con ojos europeístas, la cuestión tendría justificación para el político: asumir la presidencia semestral de la organización multinacional, pero a buen seguro que al general líder la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial se le torcería el gesto. Tampoco les haría mucha gracia a otros muchos que lo interpretan como una suplantación de la bandera nacional francesa. El debate está servido en Francia y, por añadidura, se extrapolará a otras naciones donde porfiarán sobre la reacción que debiera tener, ante un acto similar, su propio gobierno. Todo porque la Bandera es mucho más que un paño de seda bordado, es el sudario de muchos patriotas que dieron la vida por lo que representa. Así que imagino que, a los soldados franceses, desconocidos, cuya tumba se encuentra en el mismísimo Arco del Triunfo, tampoco les haría mucha gracia verse desnudos de su mortaja.

La bandera, con el escudo, el himno nacional y la jefatura del Estado son elementos que concentran el simbolismo de una nación. Cada uno de ellos es una síntesis de la historia, un referente para ser reconocido en el mundo y un elemento de futuro compartido para toda una sociedad. Lo dicho, la bandera es mucho más que un paño de seda bordado. Es un signo de identidad. Los versados en el uso de la bandera en campañas terrestres podrán contar detalles del ceremonial que acompaña su uso en tierra. Para la gente de mar que, por profesión o un día por obligación, prestamos servicio un día en la Armada, les será fácil recordar la etiqueta que acompañó a todos los actos donde era la Bandera protagonista con su presencia: La jura y el diario Izado y Arriado; donde a los compases del Himno Nacional se trasladaba a un lugar preminente para presidir, en solitario, el compromiso de cada uno con el resto de los españoles y siempre escoltada por guardia armada, se portaba en bandeja de plata o sobre los brazos de un marinero, que tanto o más valor tienen que el metal precioso, para hacerla ondear desde las ocho de la mañana hasta el ocaso.

Todas las banderas nacionales tienen su historia y la nuestra nació en el siglo XVIII cuando el Rey Carlos III, tan empeñado en hacer ver a España en el mundo como una potencia soberana, decidió cambiar el blanco de la Casa de Borbón por los colores de la actual, "para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a

largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones, …" Y lo que se usó desde entonces en la mar, se utilizó en tierra para identificar después a tropas del Ejército y edificios públicos.

La bandera es mucho más que un paño de seda bordado, es un símbolo único, sin réplica, como es la soberanía nacional. Como tal emblema, su presencia está regulada con un estricto protocolo en todas las naciones y, como tal también, preservado el respeto que merece. De puertas para dentro, se defiende con normas que van desde las faltas de cortesía hasta los delitos con castigo penal. Basta recordar el caso de esos españoles a los que un tribunal de Riga condenó por ultrajar una bandera estonia al descolgarla del lugar donde estaba izada. Y ¿qué decir de puertas para fuera? donde ni el peor enemigo desdeña la enseña nacional del adversario, todo lo más, trata de hacerse con ella en señal de triunfo, nunca de desprecio. Y de esto también hay ejemplo: una mal excusada sentada graba desde entonces nuestras relaciones con Estados Unidos

Sin perder de vista lo simbólico que todo esto tiene, la cuestión de la bandera en el Arco de Triunfo de París tiene que ver con esa tendencia a anteponer la posición política a la soberanía nacional, algo que suele degenerar en situaciones peligrosas para las relaciones humanas dentro y fuera de una nación. En nuestra tierra, esa inversión de términos se da desde hace tiempo. Tanto así que se le puso nombre: "guerra de banderas"; cuando partidos políticos secesionistas impusieron las suyas a la par de la nacional, o la suplantaron. Una anómala situación sin corregir. Juré bandera, y lo que hago es defenderla con lo que me queda: la razón y la palabra.

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