Tribuna

Juan Miguel núñez batlles

Periodista

La cultura del esfuerzo,del doctor Cavadas

La muerte de un hermano y un viaje a Kenia cambiaron su perspectiva. Vendió un patrimonio que entonces consideró superfluo y creó la Fundación Cavadas

La cultura del esfuerzo,del doctor Cavadas La cultura del esfuerzo,del doctor Cavadas

La cultura del esfuerzo,del doctor Cavadas / efe

Es como un personaje de ciencia ficción tanto por su erudición y maestría como por las habilidades, casi sobrehumanas, que demuestra tener como cirujano de trasplantes. De modo que a la sombra de sus éxitos profesionales, al doctor Pedro Cavadas (Valencia, 1965) se le reconoce como mucho más que una celebridad, por las consideraciones que acarrean los apelativos que le llueven de todas partes del mundo, algunos tan definitivos y contundentes como "el cirujano de las manos de oro" o "el cirujano-milagro".

Ejerce su actividad en su tierra, no obstante, con una proyección sin fronteras. A sus cincuenta y dos años es todavía joven para meterlo en los anales extraordinarios de la historia, sin embargo, su largo y brillante palmarés alcanza ya tal trascendencia social y mediática que su fama se hace inabarcable. Para resumir, un historial de intervenciones de lo más complejas, muchas de ellas pioneras, la mayoría de trasplantes y reimplantes a personas de todas las edades, de manos y brazos, de rostros rechazados, de cara, lengua y mandíbula, extirpación de tumores de grandes dimensiones y de costillas, incluso para devolver funcionalidad a hemipléjicos. Las técnicas del doctor Cavadas aparentan ser infalibles.

Pero lo que yo quiero resaltar aquí del doctor Cavadas, más allá de méritos y logros profesionales, es su discurso humano.Tan célebre personaje llegó a asegurar en alguna ocasión que "los cirujanos somos la peor especie de médicos, los más vanidosos, los más competitivos". Aunque de eso, también ha reconocido que ya se ha curado. No oculta que en tiempos tuvo ambición por la riqueza material. No obstante, la muerte de un hermano y un viaje a Kenia cambiaron su perspectiva. Vendió un patrimonio que entonces consideró superfluo y creó la Fundación Cavadas. Y se marcó nuevos retos, como reparar heridas de machetes, de disparos, a gente que no había visto un médico en su vida.

Y ahora, al cabo del tiempo y paralelamente a los elogios que sigue recibiendo por sus hitos profesionales, el doctor Cavadas vuelve a ser noticia, por las cosas que siente, y por la forma de decirlas, con tan absoluta claridad como acertada y apabullante rotundidad.

Me llegó esta mañana uno de esos vídeos que circulan de forma masiva por WhatsApp, a los que generalmente no le presto mucha atención. Era de hace seis años. Y como me lo enviaba un antiguo compañero de Colegio Mayor poco amigo de lo frívolo, sentí curiosidad. Se trataba del discurso de investidura de Cavadas como Doctor Honoris Causa de la Universidad Internacional Valenciana. Y lo cierto es que acertó mi remitente.

Las palabras del insigne doctor son de imperecedera actualidad. Ahora más que nunca, en el actual contexto social, hay que poner en duda la guía moral de "los jetas" famosos y políticos y la influencia y trascendencia que puede tener, y de hecho tiene, en los jóvenes, a los que llamó a "dignarse", que no "indignarse", porque todos sabemos que muchos dirigentes no hacen nada y "que no hay que esperar que ellos lo hagan todo".

Aquella investidura con la que se le distinguía la consideró entonces como un reconocimiento "a la cultura del esfuerzo", porque, según sus propias palabras, no hay ninguna fórmula mágica para triunfar en la vida. Lo más importante, enfatizó, es "trabajar y ser generoso en el trabajo", aunque ello suponga ir "a contracorriente de un discurso que te lo da todo hecho".

Excelentes reflexiones de quien realiza una media de mil ochocientas operaciones anuales y reivindica el trabajo "con calidad y excelencia ", animando a los estudiantes a luchar para conseguir objetivos en beneficio de los demás. Qué importante la cultura y el ejemplo del doctor Cavadas.

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