Tribuna

Juan José García

Experto en Inteligencia Económica y Competitiva

Los efectos de la crisis en el Petróleo

Esa dependencia de los países árabes se ha ido reduciendo con el paso del tiempo al entrar con fuerza en el mercado otros países productores fuera de esa órbita

Los efectos de la crisis en el Petróleo Los efectos de la crisis en el Petróleo

Los efectos de la crisis en el Petróleo

Durante las primeras semanas de la crisis del coronavirus leímos noticias sobre la caída de los precios del petróleo, que llegaron incluso a ser negativos; es decir, los productores estaban dispuestos a pagar para que se llevaran el crudo con tal de no tener que detener el proceso de extracción. El confinamiento decretado por la mayoría de los países ha supuesto un descenso del consumo energético de alrededor de un 25% de media, por el menor consumo de combustible, especialmente en el sector del transporte.

Ante la importante caída de la demanda, la primera medida de urgencia adoptada por la OPEP y los principales países productores fue disminuir la producción. Eso provocó una reacción en cadena que, además, ha supuesto la bajada de los precios, disminución de las inversiones e importantes repercusiones para las empresas del sector, que ya han anunciado en algunos casos reducciones de plantilla.

En principio no ha afectado demasiado al mercado del gas que, estando muy relacionado con el del petróleo, sufre menos exposición ya que la caída del transporte no le afecta tanto.

El precio del petróleo fue en el pasado un arma política en manos de los países árabes productores; de hecho, las crisis del petróleo han sido recurrentes en las últimas décadas y las más importantes han estado relacionadas con conflictos en Oriente Medio: en 1973 como consecuencia de la guerra del Yom Kippur (Israel-países árabes), en 1979 a raíz de la revolución iraní y en 1990 con motivo de la primera guerra del Golfo.

Esa dependencia de los países árabes se ha ido reduciendo con el paso del tiempo al entrar con fuerza en el mercado otros países productores fuera de esa órbita, como EE.UU., que ha llegado a ser autosuficiente, Rusia con un nivel de producción muy importante y otros como Nigeria, Méjico, Venezuela, Canadá, etc.

Es evidente que la crisis actual es una de las más severas de la historia del sector de la energía y con el fin de paliar las consecuencias se llevaron a cabo desde el principio negociaciones entre los principales países productores, liderados por Rusia y Arabia Saudita, para acordar las medidas a adoptar.

Aunque inicialmente no hubo acuerdo, por los diferentes intereses de cada país y las presiones de EE. UU., finalmente la realidad se impuso y se acordó disminuir la producción y utilizar toda la capacidad de almacenaje posible, llegándose a una saturación generalizada de esta capacidad.

Los principales países productores están poniendo en marcha estrategias para que el precio del barril se recupere hasta unos valores que hagan rentable todo el proceso de producción. Cada país tiene unos márgenes de actuación, pero con precios del barril bajos el principal perjudicado es EE. UU. que, a pesar de ser autosuficiente, tiene unos costes de extracción muy altos y, si esta situación se prolonga en el tiempo, algunas de sus empresas productoras quebrarán. Un efecto colateral serán las pérdidas en las inversiones de grandes bancos en estas empresas, entre ellos algunos españoles.

Rusia ha mantenido un alto nivel de protagonismo en las negociaciones. Inicialmente mantuvo una clara oposición a Arabia, pero finalmente se sumó a los acuerdos porque la exportación de petróleo supone una parte importante del presupuesto ruso y podía tener graves repercusiones en su estabilidad política y económica. Entre los países menos perjudicados está Arabia Saudita, que tiene una alta capacidad de endeudamiento por los beneficios acumulados durante muchos años.

Los analistas del sector prevén una recuperación progresiva hasta finales de año, pero los efectos de esta crisis dejarán unas secuelas que marcarán su futuro. Como consecuencia de los acuerdos internacionales para reducir las emisiones que producen el efecto invernadero y las estrategias para incrementar el uso de energías renovables, las grandes empresas del sector están en pleno proceso de transformación y esta crisis puede acelerar un cambio que lleva en marcha varios años y que es imparable.

Es posible que una crisis que ha golpeado tan duramente al sector de la energía tenga un efecto beneficioso a largo plazo relacionado con la lucha contra el cambio climático.

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