Tribuna

Javier soriano

Coronel en la reserva

Un golpe de estado tragicómico

A partir de ahí, se inicia una locura de carrera independentista al no asumir esta sentencia, que ha desembocado en la situación actual que se vive en Cataluña, y que afecta a toda la Nación

Un golpe de estado tragicómico Un golpe de estado tragicómico

Un golpe de estado tragicómico

E L 23 de febrero de 1981, a la hora en la que un grupo de Guardias Civiles, al mando del Teniente Coronel Tejero, irrumpía en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, yo acababa de salir de la última clase de ese día en la Academia General Militar. Era entonces Caballero Cadete de tercer año. Las noticias que empezaban a llegar sobre lo que estaba ocurriendo en el Congreso, nos llenó a mí y a mis compañeros de incertidumbre. Esa noche, entró a mi camareta un Caballero Alférez Cadete de cuarto curso para comunicarme que quedaba integrado en uno de los equipos contracarro de cañones sin retroceso de 106 mm, dentro de la agrupación táctica constituida en la Academia para el supuesto de que hubiera que intervenir.

Imagínense lo que a un joven de 21 años se le podía pasar por la cabeza en ese momento, y más conociendo perfectamente el tipo de arma colectiva a la que había sido asignado. Ya me dirán, si me hubieran desplegado por las calles de la capital zaragozana, que hubiéramos hecho con un cañón contracarro de 106 mm. Pero a pesar de la situación que vivíamos, nunca tuve la sensación de que la misma pudiera degenerar en un conflicto armado. Quizás porque la mayoría de los Oficiales y Cadetes estábamos imbuidos de lo que los militares del Ejército de Tierra llamamos "el espíritu de la General", en referencia a la formación que recibimos en la Academia General Militar, lo que nos crea una unidad de doctrina. Y así, cuando el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, es decir, Su Majestad el Rey, intervino esa madrugada, las Fuerzas Armadas acataron su orden, como no podía ser de otra manera. En la mañana del 24 de febrero, perdida toda esperanza de alcanzar su objetivo, el Teniente Coronel Tejero se rindió y entregó su arma, asumiendo toda la responsabilidad del asalto al Congreso. Y ahí acabó todo. Luego vendría el Consejo de Guerra y las condenas máximas para los responsables.

Unas décadas después, el 30 de septiembre de 2005, el Parlamento de Cataluña aprobaba la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979, que más que una reforma, era un nuevo Estatuto, que llevado en noviembre al Congreso de Diputados, fue objeto de numerosos cambios antes de su aprobación por la mayoría del Congreso, y sometido a referéndum en Cataluña el 18 de junio de 2006, siendo aprobado por el 74% de los votantes, con una participación del 49%. Este Estatuto fue recurrido ante el Tribunal Constitucional, que hizo pública el 28 de junio de 2010 su sentencia, declarando inconstitucionales 14 artículos y disposiciones adicionales y otros 27 sometidos a interpretación, además de negar cualquier validez jurídica a la declaración de Cataluña como nación, hecha en el Preámbulo.

A partir de ahí, se inicia una locura de carrera independentista al no asumir esta sentencia, que ha desembocado en la situación actual que se vive en Cataluña, y que afecta, como es natural, a toda la Nación. Una situación compleja, muy distinta a la vivida el 23F del 81, tanto que ahora todo es presunto. La declaración

unilateral de independencia resulta que no era real, sino solo una declaración de intenciones, nadie es responsable de nada, y como las leyes de desconexión se aprobaron por mayoría parlamentaria, todos se esconden en el de al lado. El Jefe huye al extranjero y se instala en un palacete con cargo presuntamente al erario público, o no sabemos a cargo de quién.

Es una situación a la que no estábamos preparados. No era de esperar que desde las propias instituciones se instara presuntamente a incumplir la ley, azuzando a las masas a una resistencia "pacífica" frente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, descontada la autonómica, a la que no se le vio en los momentos críticos. Al menos, en las imágenes difundidas del 1 de octubre de 2017, no aparecían los antidisturbios de la policía autonómica. Al contrario que el 23F, esta vez, en esos días y posteriores, sí tuve la sensación de que el asunto pudiese acabar en un conflicto violento. Vivimos una auténtica tragedia nacional, aunque con hechos que hubieran servido de fundamento para unos buenos chistes del gran humorista que fue Gila. A punto de cumplirse los 2 años de la parodia de referéndum, todo se difumina en debates jurídicos para intentar diluir las responsabilidades. Y en vez de esperar y acatar la sentencia del proceso judicial, algunos, desde sus cargos institucionales, siguen instalados en la amenaza del incumplimiento de la ley y de las resoluciones judiciales.

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