Tribuna

José maría Martínez de Haro

Escritor y periodista

Qué está pasando

Puede ser un análisis reduccionista y con ciertas dosis de subjetividad, pero esta es la cuestión que me lleva escribir con libertad de conciencia

Qué está pasando Qué está pasando

Qué está pasando

E STA es la pregunta que más se repite en España. Singularmente las personas de cierta edad que han conocido otras etapas políticas recientes. Sin duda es la pregunta del millón y tiene algunas respuestas, todas especialmente inquietantes. Resumir esto sería una imprudencia pero para comenzar con claridad se puede decir que estamos asistiendo al desmontaje del régimen constitucional y político que surgió en 1.978 tras la muerte de Franco. Lo cierto es que la estabilidad política en su forma y contenido es propia de sociedades poco conflictivas que asumieron su propia identidad y desterraron los vicios y complejos de otras épocas para avanzar con la dinámica de los tiempos. El ejemplo de ello pueden ser EE UU , el Reino Unido y Francia.

En España, habremos de aceptarlo, los problemas de fondo que cuestionan el propio ser nacional se repiten con insistencia y a veces con violencia. Más allá de las peculiaridades de los diferentes sistemas, lo cierto es que se producen cambios radicales cada cierto tiempo. Así ocurrió durante siglos. Ahora con la monarquía parlamentaria y la Constitución democrática de 1.978 que han deparado el mayor periodo de estabilidad, prosperidad , convivencia y libertades de nuestra historia. No parece que esto sea freno de apetencias desestabilizadoras. Y para entender la cuestión habrá que retroceder a los años treinta del pasado siglo. La II República también nació con la fuerza de los cambios sustanciales que España reclamaba. Y creó grandes expectativas con entusiasmo y respaldo popular. Sin embargo pronto se destaparon algunas urgencias revolucionarias porque una parte determinante de la izquierda quiso secuestrar la República según palabras de Largo Caballero avisando que no sería posible una República "burguesa" cuando el centro derecha ganó con toda legitimidad las elecciones de 1.934 y no pudo gobernar. Después la vida política y social entró en crisis, un golpe revolucionario contra el Estado, es decir contra la República en Asturias, Cataluña y otras regiones. Hubo de intervenir el ejército para contenerlo. Pero ya comenzó el largo conflicto político y social que culminó de la peor manera enfrentando a los españoles en dos bandos irreconciliables en 1936.

Hoy el sistema que surge de la Constitución del 78 inspirado en la reconciliación está en proceso de descomposición. Las fuerzas emergentes de la izquierda extrema de ideología comunista están determinando mediante pactos parlamentarios de mutua conveniencia la acción del gobierno monocolor del PSOE . A esta connivencia se unen los partidos separatistas de Cataluña y País Vasco y las marcas políticas del terrorismo etarra y Terra Lliure. Es decir, todos los elementos disgregadores unidos en una acción conjunta que consiste en demoler el orden constitucional de manera efectiva. Para ello era necesario y previo establecer un cerco político y rechazo social a los partidos de derecha y centro, es decir PP y Cs. Y lo cierto es que esto se ha realizado en la primera fase de manera resolutiva. Primero con la sustantiva influencia ideológica en ciertos jueces, magistrados y fiscales que en cierto modo han determinado el curso de los hechos que conducen a esta situación; Pedro Sánchez singularmente él, que no el PSOE , habría de ganar aquella moción de censura y liquidar el gobierno del PP. Y así ocurrió poco después de conocerse la sentencia del caso Gurtel. Esta conclusión es compatible con la repugnancia y certidumbre de la corrupción continuada en el PP desde su altas instancias.

Los grupos anti sistema no hubieran soñado una ocasión semejante. Desde su creación a finales del siglo XIX el PSOE ha sido un partido capital en la gobernación de España. Y en estos largos años ha ofrecido muestras de patriotismo y grandeza, a la par que otras muestras de pura avaricia de poder y escasez de escrúpulos. En el PSOE afloran a veces dos almas distantes y se manifiestan incluso con violencia para desgracia de España y del propio PSOE. Esto ya ocurrió como queda señalado en la historia en dramáticas ocasiones cuyas últimas secuelas aun no se han borrado. Pedro Sánchez es un joven que legítimamente ha alcanzado el Gobierno y el poder. Su ambición no ha sido freno para las obligaciones que ha debido contraer con todos los partidos cuyo objetivo es acabar con este sistema que los españoles nos dimos aprobando la Constitución democrática. Fue Rodríguez Zapatero quien acometió aquella nueva etapa del PSOE. Zapatero se alimentó de su propia estupidez, del rencor impropio del vencido en la figura de su abuelo, y de una estrategia que pasaba por arrinconar y desautorizar a la derecha para gobernar en España buscó como socios a los nacionalismos separatistas. Volvíamos a las cenizas de aquellos años trágicos del siglo XX; las derechas no podrían gobernar en la II República. Ahora tampoco y por los mismos argumentos aberrantes sobre el monopolio excluyente del poder político.

La cuestión es que esta maniobra de largo alcance ha de ser sustentarse en la reactivación del odio, habrá que odiar para repudiar ciertas siglas y ciertos estratos económicos y sociales. En ello está el bloque frente populista con la ayuda entusiasta de los golpistas y filo terroristas. En desterrar y desprestigiar las Instituciones democráticas, los símbolos nacionales , la identidad, en rechazar la monarquía como símbolo de todos los males, en cuestionar la integridad territorial de España y propiciar su desintegración en otras mini repúblicas sin atisbo de democracia. Una aberrante ingeniería social impuesta a veces con violencia. Incluso amedrentar a la Iglesia Católica buscando ciertas conveniencias para este proyecto de suplantación del orden constitucional. Si no se logra mediante la reforma prevista en la propia Constitución se puede lograr por la vía de los hechos. La cuestión parece clara para quien quiera verlo. Los extremistas anti sistema caminan hacia una República socialista con un poder sin límite inspirado en el comunismo bolivariano. Naturalmente no se trata de revivir a Stalin porque no tiene gancho, pero si establecer en Europa el primer gobierno de un país con el sistema económico y político que asemeje a Nicaragua, Bolivia y Venezuela, sobre todo Venezuela, madre y financiadora de algunos de estos cerebros que están liquidando paso a paso la España de las libertades que habíamos soñado. Avanzan con entusiasmo y la pregunta clave es si el PSOE les dejará libre el camino. Puede ser un análisis reduccionista y naturalmente con ciertas dosis de subjetividad, pero esta es la cuestión que me lleva escribir con libertad de conciencia.

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