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Tribuna

Javier Ángel Soriano

Coronel en la Reserva

Al personal de Enfermería

Un personal que tiene un referente histórico en la figura de nuestra compatriota Isabel Zendal, reconocida en 1950 por la OMS

En unos momentos tan duros para nuestra Nación, entre el personal de sanidad que está combatiendo al COVID-19 en primera línea se encuentra el de enfermería, y no podemos pasar por alto que estamos precisamente en su Año Internacional, declaración que fue acordada por unanimidad en la 72ª Asamblea Mundial de la Salud, celebrada del 20 al 28 de mayo de 2019 en Ginebra. De esta manera, por primera vez en la historia, las Naciones del Mundo han querido unirse para rendir homenaje a la importantísima aportación a la salud de las personas, que lleva a cabo diariamente el personal de enfermería, a través de su trabajo en el ámbito asistencial, en la investigación, la educación para la salud, la docencia y la salud de las personas en general.

Un personal que tiene un referente histórico en la figura de nuestra compatriota Isabel Zendal Gómez, reconocida en 1950 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera enfermera de la historia en una misión internacional, homenajeada por el gobierno mejicano como «la primera enfermera de la historia de la salud pública» poniéndole su nombre a la medalla nacional al mérito de la enfermería, que reconoce desde 1975 a los profesionales más destacados de esa Nación, y también honrada en la localidad mejicana de Puebla, donde falleció, al ponerle su nombre a la Escuela de Enfermería.

Isabel nació en el pueblo coruñés de Órdenes en 1771. En 1803 era la directora del Orfanato de la Caridad de La Coruña y dejó su puesto para unirse al equipo científico que zarpó del puerto de La Coruña en la Corbeta "María Pita" el 30 de noviembre de ese mismo año, al mando de Francisco Javier Balmis, médico militar y cirujano honorario de la corte de S.M. el Rey, en una expedición que tenía por objeto propagar en nuestros territorios de América y Filipinas la vacuna contra la viruela, descubierta unos años antes. La viruela fue introducida en nuestros territorios de ultramar en el siglo XVI con la llegada de los colonos, causando una mortalidad mucho más devastadora que la que hubo en Europa, por lo que esta expedición, que se conoce como la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna contra la Viruela, fue fundamental para inmunizar contra esta enfermedad a la población de dichos territorios.

Isabel fue la única mujer que formó parte de esta expedición, y uno de sus principales pilares puesto que tuvo a su cargo los 22 niños expósitos que se eligieron para trasladar a América en sus brazos la vacuna. De ahí el apodo de "madre de los galleguitos" con el que se la conoció. Como tuvieron que alcanzar con la vacuna a todo el territorio de ultramar, además de asistir a la población y formar al personal sanitario local, tuvieron que seleccionar en esos territorios niños con los que garantizar la cadena de transmisión, manteniendo así «viva» la vacuna, haciéndose cargo Isabel de su cuidado.

Balmis dejó constancia escrita de su trabajo: "con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día, ha derramado todas las ternuras de la más sensible Madre sobre los angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde La Coruña y en todos los viajes, y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades".

El escritor Javier Moro noveló su historia en su libro "A flor de piel", publicado por Seix Barral en 2015. En él la describe de la siguiente manera: "No se parecía a nadie ni podía compararse con ninguna otra mujer. No era de la sociedad ni del pueblo, ni rica ni pobre, ni culta ni ignorante. Era gallega, española y mejicana a la vez. Era cuidadora de niños, especialista en vacunar, enfermera".

200 años después de la Real Expedición Filantrópica de la Viruela, en esta guerra que libramos contra ese enemigo invisible, silencioso e implacable que es el COVID-19, mientras Balmis da nombre a la Operación militar puesta en marcha por nuestras Fuerzas Armadas, la figura de Isabel Zendal cobra vida en el personal de enfermería entregado día y noche con la misma fuerza, valentía y humildad con la que cumplió su misión esta gallega, haciéndolo como mejor sabe, sin quejarse de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed ni de sueño… como reza el espíritu de sufrimiento y dureza del credo legionario. En esta guerra, todos, de una manera u otra, estamos comprometidos, pero me ha parecido oportuno dedicar unas palabras al personal de enfermería en su Año Internacional.

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