Tribuna

Javier Pery Paredes

Almirante retirado

¿A qué rumbo vas?

Después del apagón sanitario, lo paradójico es que en nuestra sociedad se sustituyan verdad, privacidad y libertad, esencias de toda democracia, por mentira, colectivización y confinamiento, propios de populismos y dictaduras

¿A qué rumbo vas? ¿A qué rumbo vas?

¿A qué rumbo vas?

Ver un documental sobre el impacto de las redes sociales en el mundo de hoy y, en particular, el efecto nocivo en los fundamentos de la democracia me hizo recordar una situación vivida a bordo del petrolero de flota Marqués de la Ensenada que, sin llegar a ser ni tan siquiera un incidente, da pie a pensar en la necesidad de contar con elementos simples y fiables para afrontar situaciones complejas e inciertas como la que se viven en estos días.

Dejo para después el documental por aquello de contar las cosas por partes y por su orden, sin mezclar, y empezar por las vivencias personales. También por seguir el proverbio latino, replicado por Cervantes en el Quijote (enciclopedia del saber popular español), de que la experiencia es la madre de la ciencia. Al fin y al cabo, antes de meterse en la maraña de las tecnologías asociadas al mundo de la comunicación, conviene armarse con todo lo vivido para tratar de saber cuales son las causas que han acelerado al mundo hasta hacerlo impactar contra el futuro y producir un "shock", como diría Alvin Toffler.

Pueden imaginar la situación. El barco navega hacia el suroeste, a medio camino del estrecho de Gibraltar a las islas Canarias, en una noche tranquila de luna llena con viento alisio, sin luces de tierra que avistar, ni barcos en el horizonte a los que otear para saber si vienen, van o están parados con las artes caladas, a la espera de hacer una buena marea (pesca) para volver pronto a casa. En el control de máquinas el mecánico de guardia observa el libro de mantenimiento y, a la vista de las anotaciones, entiende que debe cambiar de generador eléctrico para ajustar las horas de funcionamiento a las necesidades de revisiones periódicas, sabia medida. Y así procedió.

Sin embargo, por más que hagan bien las cosas, el fantasma de un tal Murphy, con su negativa ley, hizo que antes de que el generador recién arrancado se hiciese cargo de alimentar los sistemas del barco, el otro los soltó en el vacío. La consecuencia: luces apagadas, sistemas fuera de servicio, radar sin funcionar, teléfonos callados… Un mutis nunca deseado. Como el timbre de un despertador, el silencio hizo que el comandante subiera los peldaños de la escala al puente de dos en dos, empujado por la urgencia. A bordo de un barco, la monotonía del ruido es señal de que todo va bien. Pocos minutos hicieron falta para que el diligente mecánico restaurase la corriente. Se encendieron las luces, se pusieron en marcha los sistemas, dio vueltas el radar como tenía que ser, resucitó la megafonía,…todo se puso a

trabajar como Dios manda. Bueno, todo menos la giroscópica (girocompás), ese artefacto que, por las leyes de la inercia, es capaz de señalar el norte geográfico, pero al que hay que dar un tiempo largo para que se oriente hacia el polo. Así, pronto, el oficial de guardia lo tuvo todo, menos lo importante: saber hacia donde tenía que navegar. Puso sus dudas en manos del comandante que, por pura experiencia y senectud, le dio la solución. Destapó la escondida y olvidada aguja magnética (brújula) instalada entre mil modernos instrumentos del puente y le marcó hacia donde ir. Un recurso del siglo X, arcaico y sencillo en medio de modernos y complicados sistemas, para solucionar un problema en el siglo XX.

El documental "El dilema de las redes sociales" presenta una situación pareja. Fundadores, directivos, gestores, ingenieros y analistas de redes sociales se plantean volver a los elementos primitivos de una sociedad, como la familia (la aguja magnética que nunca falla), porque, tras navegar en un mar virtual, apoyados en mil tecnologías complejas que constantemente reclaman atención y alimentación a sus usuarios (sic: les llama consumidores como a los drogadictos), descubrieron que las redes sociales y la Inteligencia Artificial les daba aparentemente de todo: información, dinero, notoriedad y mil cosas más; pero realmente les desinformaba a base de bulos, les mentía con falsas noticias, les encadenaba a una adicción por la tecnología que les limitaba pensar por si mismos, les robaba su tiempo y les quitaba la capacidad de decidir en libertad al sumirles en grupos.

Después del apagón sanitario, lo paradójico es que en nuestra sociedad se sustituyan verdad, privacidad y libertad, esencias de toda democracia, por mentira, colectivización y confinamiento, propios de populismos y dictaduras. Así que les pregunto ¿A qué rumbo vas?

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